Horas después de la caída del régimen de Hosni Mubarak en Egipto, hoy hace exactamente ocho días, el Presidente Barack Obama dijo que "la historia había comenzado a caminar desde la Plaza Tahrir", pero no se atrevió a pronosticar dónde haría su próxima escala en busca de la democracia. Pues bien, ahora esa historia tiene páginas abiertas, y finales inconclusos, en Bahrein, Libia, Yemen, Irán, Argelia y Marruecos, y la lista podría ser tan larga, como impredecibles sus consecuencias.
No parece ser el uso de la fuerza, que tanto les sirvió en otras épocas, lo que hoy les permita a los autócratas y dictadores, de allá y aquí, detener los vientos de libertad que salieron de Túnez hace dos meses, se propagaron por Egipto desde fines de enero, y ahora se extienden por el Magreb y el Golfo Pérsico.
Vientos cuyos efectos repercutirán en Occidente, vigía interesado en lo que suceda en Oriente Medio y el Norte de África, pero en especial en Estados Unidos, en otra prueba ácida de su política internacional. Cayó Mubarak y ahora tambalea el monarca de Bahrein, Hamad al Khalifa, otrora sus aliados estratégicos.
La historia que Estados Unidos advirtió había comenzado a caminar en Egipto, hoy se pasea desafiante y demoledoramente libre por los propios espacios de la Casa Blanca. No en vano, los internacionalistas que siguen los pasos de la revolución árabe hablan de la nueva doctrina Obama, esa que establece que el mundo dejó de moverse en función de los intereses de Estados Unidos o de cualquier otro.
El papel estelar que jugó, y juega, el Ejército en la crisis en Egipto, y la pronta salida de Ben Alí en Túnez, están lejos de parecerse a la fuerza bruta con que los gobiernos de Bahrein, Yemen, Libia e Irán, han salido a enfrentar las manifestaciones y las protestas de una ciberjuventud uniformada contra la represión y la pobreza, ávida de libertad y reconocimiento a sus derechos democráticos, pese a las profundas diferencias religiosas.
Los riesgos de una infiltración de grupos islamistas radicales, que se disiparon pronto en las revueltas de Túnez y Egipto, reaparecieron ayer con preocupante fuerza en Bahrein y Libia, donde ondearon banderas de Hamas en medio de la multitud. La tensión es máxima, pues Irán, que también vive un clima de agitación social y de represión militar, amenaza con cruzar el Canal del Suez con dos barcos de combate, lo que ha puesto a Israel en posición de ataque.
La preocupación de Estados Unidos no sólo pasa por la debilidad política de sus aliados en la región, sino por la fuerza con que puedan irrumpir los movimientos islamistas que se alimentan del régimen de Mahmud Ahmadineyad, en abierta alianza con sectores radicales de Al Qaeda en Yemen, sacudida desde hace ocho días por protestas contra el régimen de Alí Abdalá Saleh, en el poder desde 1978.
En Marruecos, aliado también de Washington y punto estratégico para España y Francia, el gobierno ha salido a ofrecer reivindicaciones a los jóvenes y apertura a la democracia como antídoto a las manifestaciones convocadas para este domingo.
De ahí la complejidad y el peligro de lo que está en juego en una región donde la historia ha comenzado a caminar, pero nadie sabe qué tan fuertes y duraderos pueden resultar los vientos de libertad.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8