Piedad Patricia Restrepo Restrepo
Son numerosos los estudios que han evidenciado la importancia de la calidad educativa en la explicación de mayores niveles de crecimiento económico y mayores retornos a la educación. Esta evidencia ha motivado una creciente inversión para lograr más altos niveles de calidad educativa en la mayoría de los países alrededor del mundo. No obstante, la percepción de un estancamiento en la calidad, pese a los mayores recursos invertidos, ha motivado un movimiento internacional hacia el mayor control de los colegios y de los gastos y ha dado pie a la comparación internacional de la calidad educativa a través de pruebas estandarizadas. Algunas de las pruebas más conocidas son la TIMSS realizada desde 1994 en las áreas de ciencia y matemática y la prueba PISA realizada en 2000, 2003 y 2006, con énfasis en lectura, matemática y competencia científica, respectivamente.
En Colombia contamos con pruebas estandarizadas como las Icfes, Saber y, más recientemente, las Ecaes. Sin embargo, estas pruebas adolecen de diversos problemas que impiden obtener evidencia completamente confiable sobre la evolución de la calidad educativa en el país. Este último punto es la conclusión extraída de la mesa de trabajo en educación organizada por el proyecto Medellín Cómo Vamos y el Grupo de Microeconomía Aplicada de la Universidad de Antioquia, la cual contó con la presencia de la directora del Icfes y el subdirector académico de la entidad.
La prueba Icfes nació hace 40 años como un examen de selección para el ingreso de los estudiantes a la educación superior y, según su directora, sigue teniendo esta finalidad primordialmente. Aunque también puede ser un referente importante para valorar la calidad de la educación básica y media, la prueba requiere de un mayor número de preguntas de anclaje (preguntas que se repiten año a año) para disminuir el margen de error y evitar los comportamiento atípicos, como los evidenciados en 2006. El Icfes argumenta que el tiempo que les otorgan para presentar los resultados es demasiado corto; mientras que en pruebas internacionales se toman como mínimo un año para mostrar la evolución frente a las pruebas previas, esta entidad cuenta con menos de un mes. Por su parte, las pruebas Saber, diseñadas exclusivamente para medir calidad, son tan recientes que aún no hay un examen definitivo que pueda ser comparado en el tiempo.
Así las cosas, el país enfrenta un reto enorme en términos de mejorar las estadísticas en torno a la calidad educativa, a través de pruebas estandarizadas que muestren cómo está evolucionando la calidad de nuestra educación y que permitan evaluar la eficiencia y eficacia de los cuantiosos recursos invertidos en este sector. Por el momento, la participación de Colombia y ciudades como Medellín en pruebas internacionales se convierte en el mejor referente para evaluar la calidad educativa.
Ana Lucía Hincapié Correa*
El examen de Estado es una prueba obligatoria y de alcance nacional para el ingreso a la Educación Superior. Entre 1988 y 1999 pretendió evaluar desempeños relativos tanto para los estudiantes (quienes eran los mejores del año), como para los planteles (que se ordenaron por categorías según los resultados obtenidos de sus alumnos).
Desde el 2000 ha pretendido evaluar desempeños absolutos para los alumnos (competencias, niveles de profundización) y también para los colegios.
Estos buenos propósitos no se han conseguido. A pesar de algunas preguntas de anclaje, invariables en el tiempo, pero que han sido insuficientes -ha resultado difícil saber si nuestros bachilleres están mejorando o empeorando frente a metas de aprendizaje-.
Y del lado de los colegios, el porcentaje situado en los distintos niveles ha resultado extremadamente cambiante. "Sucesivas variaciones en el enfoque y la metodología de las pruebas impiden hacer comparaciones sobre cómo ha sido la evolución en el tiempo" (MEN-Plan Sectorial 2006-2010).
Este comportamiento ocurre simultáneamente en todas las entidades territoriales, como se observa en los gráficos del sector oficial de Medellín y Bogotá que exhiben una evolución inestable, un año es positivo y el siguiente no lo es y así sucesivamente.
Por esto -mientras el ICFES afina su metodología- conviene volver a utilizar indicadores relativos; por ejemplo, comparar los resultados promedios del sector oficial de Medellín con respecto a Bogotá que se ha destacado por tener uno de los mejores resultados nacionales.
La gráfica, presentada arriba, indica que aunque Medellín está por debajo de la capital, se viene acercando a ella, mejora más que Bogotá.
Hay que saber que en la medida en que se atiendan sectores en desventaja, los resultados tienden a bajar; el aumento de la participación del sector oficial en la capital del país en cerca de 4 puntos entre 2004 y 2007 (55.7% vs. 59.1%) puede indicar que se están atendiendo poblaciones más populares. En Medellín el 80% del alumnado es oficial.
Desde la Alcaldía de Sergio Fajardo y ahora de Alonso Salazar, Medellín le viene apostado a una mayor equidad en la calidad de la educación y se ha comprometido con un programa ambicioso de Escuelas de Calidad que de forma integral interviene en el mejoramiento de 101 instituciones educativas localizadas en entornos deficitarios.
Estas instituciones mejoran su desempeño frente al promedio sector oficial de la ciudad.
*Coordinadora del Proyecto Medellín Cómo Vamos, Subsecretaria de Educación Medellín
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