Después de 16 años de sufrimiento, impotencia, lágrimas, desgaste y diluvios como el de este viernes, la selección de Colombia vuelve a ilusionar a 44 millones de personas con un Mundial de fútbol de mayores. Ya no es cuento, es una realidad, el combinado patrio aseguró, como mínimo, el repechaje para Brasil-2014.
El gracias al altísimo que le dieron James Rodríguez, Pablo Armero y Juan Guillermo Cuadrado, de rodillas, fue con todo el corazón y no por lo accidentado del partido, con suerte de clasificado, porque hasta de una pena máxima se salvó el equipo tricolor cuando lo desperdició Wálter Ayoví (63'), sino por la gran cantidad de obstáculos que tuvieron que vencer para volver a recuperar la alegría y devolverle la ilusión a un país que tiene en el deporte la gran fábrica de alegrías.
Desde 1997 no se veían llorar a los aficionados de alegría, como lo hizo el bumangués Carlos Carreño, uno de los que aguantó las cuatro horas de lluvia, se secó la camiseta en los ventiladores del aire acondicionado de las graderías, cuando James Rodríguez anotó el gol a la media hora para poner a delirar al país que llevaba tres eliminatorias con la cabeza gacha.
Esta vez no faltaron cinco para el peso como aconteció rumbo a Corea del Sur y Japón-2002 ni para Alemania-2006, ni afloraron los errores que nos detuvieron en el camino hacia Sudáfrica-2010. Tampoco apareció el fútbol lindo y el toque toque de este proyecto que lidera José Pekerman, pero se hizo lo que se debía: ganar el partido y con ello apareció el júbilo inmortal que no se cantaba con seguridad desde Francia-98.
El chaparrón le empapó la ropa a los asistentes e hizo más pesada la camiseta de los jugadores, pero el corazón y la mente de los protagonistas no se dejaron aguar la fiesta, pusieron a prueba su talento, pusieron a volar su imaginación y con el triunfo 1-0 sobre Ecuador ratificaron que el estadio Metropolitano es sinónimo de clasificación Mundialista.
Con la misma euforia de Italia-90, Estados Unidos-94 y Francia-98, el público animó con su mancha amarilla y el equipo respondió con fútbol y goles ante las adversidades en un partido que pintaba para jugar bien al fútbol y terminó lleno de dificultades, porque además del retraso de 94 minutos por la inundación de la cancha, hubo que esperar 16 más porque se apagaron varias lámparas antes de iniciar el segundo tiempo.
Por fortuna para Colombia no se le fueron las luces cuando se quedó sin marca y Carlos Sánchez le cometió el penalti a Antonio Valencia. Y a punta de pulmones, pundonor, compromiso y responsabilidad sacó adelante el partido que sus jugadores habían calificado de "final" para seguir en el segundo lugar de la Eliminatoria con 26 puntos, meterse la repesca en el bolsillo (como mínimo) y pagarle con creces a los 46.000 aficionados que aguantaron de todo y no olvidarán este viernes, porque así hayan sufrido por lo accidentado del encuentro fueron los privilegiados de presenciar en vivo y en directo el casi regreso a la Copa del Mundo.
La Selección celebró con fervor este sufrido 1-0 ante los ecuatorianos y con justa razón, porque esta generación dorada recuperó la identidad del fútbol nacional y después de 16 años de sufrimientos nos puso a comprar el tiquete para el Mundial de Brasil.