El viaje del Presidente Santos a Singapur y China, aunque ostentoso y contrario a la austeridad debida en un país lleno de necesidades, debe ser entendido como la aceptación explícita de que los principales cambios económicos que se vienen dando a nivel mundial tienen en las economías emergentes, y en particular en China, su principal determinante. Si Colombia quiere avanzar en su desarrollo, tiene que vincularse a estos nuevos motores del crecimiento.
La CEPAL considera que el centro de gravedad de la economía mundial se está desplazando del Atlántico al Pacífico y del norte al sur, en donde las economías emergentes, como es el caso de los países denominados BRICS y el Grupo de los 20, cumplen un papel cada vez más medular. Igualmente, destaca el hecho de que China se ha convertido en el nuevo jalonador del crecimiento mundial y que el comercio sur-sur es un hecho real y altamente promisorio.
Para el año 2030 se estima que dos tercios de la población mundial estarán radicados en Asia Pacífico. Dicha región representará cerca del 60 por ciento del gasto de consumo en el mundo. Estos cambios ocurrirán a costa de la pérdida de importancia relativa de Estados Unidos y Europa.
Frente a estas perspectivas, la CEPAL advierte que, para el crecimiento futuro de América Latina, "el fortalecimiento de los vínculos económicos y comerciales de la región con China es fundamental".
De esta forma, un país como Colombia, que tiene una extensa costa sobre el Océano Pacífico, que es rico en diversas clases de recursos naturales y que tiene una base empresarial y de recurso humano significativa, debe, como lo vienen haciendo de tiempo atrás otras naciones latinoamericanas, como Chile, Perú y Costa Rica, incrementar y ampliar sus relaciones con diferentes países de la región Asia Pacífico y, muy especialmente, con China.
Muchos estiman que en los próximos dos años ese gigante asiático desplazará a la Unión Europea como el segundo mercado de destino de las exportaciones de América Latina. Lo mismo ocurrirá con las importaciones. De otra parte, debe tenerse en cuenta que el comercio con China se caracteriza porque nuestra región exporta materias primas e importa manufacturas.
Esto pone de presente que, de cara a la construcción de unas relaciones comerciales y económicas más amplias y permanentes, hay que establecer mecanismos que aseguren que Colombia migre de una oferta de bienes primarios hacia una canasta más diversificada.
A raíz de la visita del Presidente Santos a China se acordó iniciar la discusión para evaluar la viabilidad de un TLC entre ambos países. Asimismo, se firmaron varios acuerdos que, eventualmente, darían lugar a importantes desarrollos en Colombia en los campos de la minería, el petróleo, la agricultura y la infraestructura.
Explorar la posibilidad de un TLC con China parece una decisión razonable, pero no necesariamente significa que sea la mejor o la más óptima. Desde este punto de vista se considera adecuado que se comience con un estudio de viabilidad de dicho acuerdo.
Los asuntos tratados en la visita pueden lucir poco ambiciosos o limitados, dada la magnitud desbordada de los negocios y las oportunidades que ofrece China. Sin embargo, ellos representan, además de un relativo potencial para Colombia, el posible camino hacia la inserción comercial de nuestra nación en tan promisoria e importante región.
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