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Plagas y lluvia,el dolor de la tierra

17 de junio de 2008
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A su "rastrojito" lo cuida como a un hijo. En sus tierras agrícolas de la vereda La Milagrosa, de Marinilla, tiene 12 hectáreas de bosque nativo y asegura que no les cambiará "la destinación mientras viva".

El daño sería irreparable. Tumbar ese terreno, cree, le dejaría una deuda imposible de saldar. Luis Jaime Arbeláez es un campesino de toda la vida, que ama su labor y conoce de medio ambiente.

Como otros personajes tradicionales del campo en el Oriente, afirma que  la agricultura tiene claras amenazas: las plagas, la deforestación y el clima cambiante, que dañan cosechas enteras.

Y no es raro que las personas que cultivan deban enfrentarse a estas problemáticas. Pero ahora  estos fenómenos se presentan con más frecuencia y les exigen, por ejemplo, más insecticidas que dejan también consecuencias negativas. 

Con su mano sostiene una hoja del cultivo de fríjol, con síntomas de "gotera", producto de las heladas. "Por ejemplo, al repollo hay que regarlo con un veneno mortal, porque le da una pulguilla. La gente piensa en salvar el capital y le echan lo que sea".

Pedro Castro, de Guatapé, dice que cada 15 días deben hacer riegos. Y Horacio Zuluaga, de 72 años, está "aterrado" con la cantidad de plagas en su tierra de El Carmen, "son un dolor de cabeza", dice.

En Guadalupe, Jesús Cárdenas nota que en los sembrados ya no hay un tiempo determinado para que peguen mejor. "En mayo, que ha sido de invierno, pasamos unos 15 días sin que cayera una gota. Eso nos ha estado molestando la cosechita".

En la vereda El Morro, cuenta, en la que no pegaban mucho la guanábana, los aguacates y los mangos porque era una tierra más bien fría, ya se están produciendo.

En Carolina también les sorprendió empezar a ver ciruela. "Tenemos dos palitos en la plaza. Se llenan y son dulcecitas como si fueran de Liborina o de Sopetrán", relatan los habitantes.
En el Carmen de Viboral y en La Unión, las papas capira y la criolla crecen más delgadas y, debido a la humedad, se pudren más fácil.

Los sembrados de flores también sufren.

"Por las fuertes lluvias y los días con poca radiación, las flores tardan un 10 por ciento más (tres o cuatro días) para estar listas. El año pasado muchos no alcanzaron a salir a tiempo para Amor y amistad", explica Iván Pérez, de la finca Las Olas, en Rionegro.

Es en los sectores de Ventanas y la zona de embalses de El Peñol-San Luis-Cocorná donde más llueve.

Los cultivos de tomate son comunes en invernadero, en El Peñol. La idea es crear mejores condiciones. Para Arnoldo Rivera, así se puede controlar la humedad y las plagas, sobre todo en los tiempos "en los que caen muchas heladas".

Los agricultores, dice Luis Jaime, se cansan de los inconvenientes y  terminan convirtiendo sus tierras en campos para ganadería o talan.

La gente, piensa, debería escuchar más a los campesinos de corazón. Esos que saben que los aguaceros fuertes, las plagas y los árboles talados, se llevan la tierra fértil.

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