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Chávez, pidiendo cacao

11 de julio de 2008
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Hace unos días se publicó una nota en "Lo que faltaba" titulada "Pidiendo Cacaos", en la que se señalaba que Chávez había realizado reuniones con empresarios venezolanos y colombianos prometiéndoles reformas y apoyos desde el Estado, luego de haber generado un proceso sin antecedentes en décadas en el vecino país, de destrucción del aparato productivo.

Ahora, en la antesala de unas elecciones, con una aprobación de su gestión a la baja, con una inflación anualizada que supera ampliamente el 32 por ciento y un delicado desabastecimiento de productos, tiende nuevamente puentes con el gobierno Uribe, luego de maltratar a Colombia y a su presidente, y de haber pedido el reconocimiento del estatus para las Farc de beligerancia.

Es bueno recordar que no ha cambiado nada ni en el talante ni en el proyecto del Socialismo del Siglo XXI y que las medidas que afectan empresas colombianas de varios sectores como el cementero y el automotor seguirán vigentes. Por eso no es sensato caer en una euforia tropical por un encuentro que tiene mucho de filigrana política en la antesala de las elecciones regionales del vecino país.

Claro que podemos derivar muchas cosas positivas de este clima de entendimiento. Una primera es buscar un distanciamiento efectivo del gobierno venezolano de las Farc. Este grupo sin retaguardia y fuentes de abastecimiento seguras tras las fronteras venezolanas verá reducido el ya escaso margen logístico que tiene. Igual cosa se puede decir del Eln que se envalentonó y congeló los acercamientos con el Gobierno luego de sentir una línea abierta de apoyo desde el gobierno de Chávez.

Una segunda ganancia es la expansión de las exportaciones en medio de la contracción interna que se nos está presentando, y que aprovecha la mezcla explosiva de inflación y desabastecimiento que tiene Venezuela. Lo que hay que garantizar es mayor agilidad en las aprobaciones de las importaciones y garantías en los mecanismos de pagos. Cabe recordar que espacio que no ocupemos lo atenderán los brasileños que están llegando con cantidades enormes de productos.

Los proyectos de oleoducto y tren deben ser fruto de análisis técnicos y económicos, no resultados de meros propósitos políticos. Se emprende sólo lo que sea viable y dentro de marcos institucionales que den seguridad. Un tren al Pacífico que permita exportar carbón colombiano suena razonable si es por la costa Atlántica y contribuye a la viabilización de un puerto de aguas profundas en el Pacífico. Algo parecido se puede decir del oleoducto. Pero deben ser proyectos rentables y no elefantes blancos de fino paso populista.

No es el momento de ingenuidades, pero tampoco de desaprovechar oportunidades que nos son muy adecuadas. La receta obliga dosis de prudencia, serenidad, garantías y Plan B ante otro inesperado berrinche del pintoresco Chávez.

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