Internet y las redes sociales viven tiempos de agitación por cuenta de iniciativas legislativas y medidas que podrían coartar el flujo abierto que ha imperado.
Twitter, la red que permite expresarse en 140 caracteres, decidió implementar un sistema que posibilita bloquear mensajes según el país o una cultura, sin restringir la difusión en el resto del mundo. Preocupa que un servicio pueda dejar abierta la puerta a la censura de contenido si un gobierno así lo solicita y que ponga, por encima de la libertad de expresión que promueve, su interés por la expansión global.
Suena paradójico que esto suceda en una red que ayudó a gestar cambios como los que se dieron con la Primavera árabe.
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