A 102 días de la Copa Mundo Fifa, Brasil experimenta contrastes mientras la millonaria afición de todos los rincones del planeta se emociona y cuenta las horas para el puntapié inicial.
En la que es considerada la meca del fútbol, donde la mayoría de habitantes asume este deporte como una religión, lo único que se espera, pese a las dificultades y descontentos, es un "Mundial único".
"Brasil ha realizado su contribución especial a que el fútbol se convierta en el deporte número uno del mundo, pues es un lugar donde culturas numerosas y muy diversas han sido capaces de convivir como una. El fútbol que ofrecemos al mundo es más que un mero deporte. Es una fuerza motriz de inclusión social. Hemos dado a Pelé al mundo, y nuestros clubes son instituciones nacionales".
Las palabras de Aldo Rebelo, ministro de Deportes de Brasil, reflejan el sentir oficial que riñe con el pensamiento de un sector de la población, representada en protestas desde la Copa de Confederaciones.
Andre Baibich, reportero de Zero Hora, brinda un panorama poco alentador. "Aquí hay un sentimiento de indignación con el dinero invertido por el Gobierno en el Mundial. Los estadios están en fase final de construcción, pero muchas de las obras estructurales no quedarán listas hasta junio. Los aeropuertos son un problema grave, con desorganización y falta de espacio para albergar tanto pasajero". La cifra estimada del costo es de 66 mil 145 millones de dólares.
Ronaldo, vinculado Comité Organizador Local, dice que ha visto que la gran mayoría de los brasileños está a favor del Mundial. "Necesitamos mostrar a la minoría que está en contra porque la Copa Mundial representa un formidable beneficio para Brasil".
Waldheim García, un colombiano que hace varios años se radicó en ese país y es jefe de redacción de la agencia EFE en Sao Paulo, dice que él esperaba un poco más de fervor en esta época, a casi 100 días del torneo. "Eso no quiere decir que no se vaya a vivir una fiesta en el Mundial. Este es un país de carnaval y fútbol. Pienso que después del carnaval (comenzó el viernes y dura 5 días), el Mundial tomará más fuerza".
Anota que el contraste lo marcarán una serie de protestas, "que no son contra el Mundial", sino por el manejo del presupuesto, porque no se concluyeron muchas obras, por los sobrecostos y porque la educación, la salud y otros servicios, no están al nivel de una nación desarrollada.
Una visión neutral
El turista que llega por estos días a Brasil observa vallas de la Copa Mundo y decoración en las 12 sedes. Pero al mismo tiempo soporta el ajetreo que genera la velocidad por terminar las obras, y se incomoda con las demoras para las conexiones en los aeropuertos.
Juan Felipe Mejía, quien estuvo la semana pasada en Florianápolis, notó gran compromiso y seriedad del Comité Organizador. "Por la connotación de Brasil como país futbolero, esta Copa es muy especial y así lo han asumido".
El ciudadano común se ilusiona con una buena campaña de los auriverdes. Allí todos quieren celebrar y como dijo Faustino Asprilla, mínimo deben llegar a la final, porque de lo contrario tendrían que irse del país"
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