En épocas de la política de "Un Solo Hijo", en China no era automático que una pareja que procreara un bebé hembra lo registrara ante las autoridades. Saltarse ese trámite administrativo que le da vida legal a la recién nacida le permitía a la pareja intentar tener un segundo bebé y que la suerte los bendijera con un varoncito. Solo por esta razón hay todavía hoy 9 millones de nacimientos clandestinos cada año.
Los expertos en demografía señalan que en China, de igual manera, existe desde épocas ancestrales la muy extendida costumbre de practicar abortos selectivos en los que, de nuevo, la víctima resulta ser el feto de sexo débil.
En síntesis, todo lo que es hombre pareciera ser más conveniente en la China de antes y también en la de hoy.
Pero la realidad es que tales actitudes no esconden un solapado machismo sino una posición pragmática frente a la vida: en un país donde no existe seguridad social y en el que la vida de los ancianos, por tanto, puede estar muy llena de penurias, un hijo del sexo masculino puede asegurar a sus padres una mejor calidad de vida que lo que conseguiría hacer una mujer.
Las implicaciones de estas distorsiones sociales que favorecen los nacimientos de varones pueden ser graves y han despertado preocupación entre las autoridades. Para ver el asunto en cifras hay que poner de relieve que mientras en las ciudades chinas por cada 100 niñas nacidas hay 119 varoncitos, en algunas zonas rurales llegan a ver la luz 130 niñitos por cada 100 representantes del sexo femenino.
El corolario es que entre otros efectos nocivos en la sociedad, las posibilidades de que los hombres se queden solteros para toda su vida en la China rural son enormes, y los chances de que deban esposarse con mujeres mayores que ellos, también. La Academia China de Ciencias Sociales ha alertado recientemente de que dentro de una década podría haber 24 millones de ciudadanos en edad casadera sin poder conseguir pareja.
La derogatoria de la política de planificación familiar de 1978 que penalizaba el nacimiento del segundo hijo -la causante en los inicios de estos exabruptos poblacionales- no ha dado en el clavo para resolver la disparidad. El propósito de la derogatoria de la Ley, la que sí logró su objetivo de detener 400 millones de nacimientos, era estimular de nuevo más nacimientos para emparejar las proporciones entre los sexos. Pero hay otras consideraciones que las parejas jóvenes traen a colación en nuestros días para preferir no tener hijos en absoluto. Un viejo estímulo financiero aún en vigor que se concede a las parejas sin hijos, los hace preferir el ingreso económico al bebé.
La existencia de un número tan elevado de jóvenes hijos únicos sin posibilidad de formar un hogar, no solo ha catapultado la prostitución en muchas regiones sino que presagia para ellos un futuro económico estrecho, donde tendrán la carga de dos padres y posiblemente cuatro abuelos a la que hacer frente en solitario.
Así pues, la recomendación general de Naciones Unidas de conseguir mantener una proporción de géneros de 107 como máximo deseable ha sido imposible de ser puesta en práctica en China. Este es, quizá, uno de los retos sociales más complejos que tiene un país que se reproduce a razón de más de 10 millones de seres anualmente.
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