Cuando Hugo Gallego quiere leer el periódico emprende un viaje que lo lleva, casi siempre, a ese edificio que se alza al otro lado de la Plaza de Cisneros, detrás de los altos postes blancos que alguna vez hicieron llamarla la plaza de la luz.
"El ambiente es muy agradable, ojalá hubieran más sitios así. Lo que más me gusta es la amabilidad de los empleados y la ubicación, que es en el centro" , dice.
Ahora, imagínese el espacio ideal para disfrutar de un delicioso café, revisar el correo, ver una película o sentarse a no hacer absolutamente nada más que ver pasar el tiempo. La palabra "biblioteca" tal vez es la última que le pasa por la cabeza, y sin embargo, esto describe a la perfección la Biblioteca Pública de EPM.
El reto es claro, contarle a la gente que si en algún momento, alguien pudo considerar las bibliotecas como aburridas, ya no tiene razón. La prueba es esta: los más de 30 programas y cursos que se imparten aquí a todo tipo de públicos, sumando un total de 250 actividades al año.
Niños, jóvenes y no tan jóvenes participan de un amplio abanico de posibilidades, desde clases de baile, hasta cursos de negocios, pasando por juegos con títeres, plastilina y talleres de química de alimentos para las amas de casa. Cada uno tiene algo a la medida.
Y, precisamente, este es el aspecto fundamental de la Biblioteca: un espacio público y gratuito donde todos se sientan bienvenidos.
"Tu puedes encontrar acá desde un empresario a una persona en riesgo de calle" explica Andrés Marín, director de comunicaciones de la Biblioteca. "El programa se enfoca en la faceta de responsabilidad social porque busca el acceso al conocimiento de la gente común y corriente".
Esto le da oportunidad a la juventud, no sólo de aprovechar todas las herramientas tecnológicas y académicas disponibles, sino de adquirir valores humanos y cívicos que le dé una excelente capacidad de decisión y los ayude a buscar un buen futuro. "A mí me da mucho placer poder ver las vidas que se llegan a transformar, la esperanza de gente que sufre, que son desplazados y son acogidos aquí" enfatiza Marín.
Existe, incluso, quien vuelca su vida a partir del contacto con el saber. Ancianos que creen que el mouse se usa en el aire, o señoras que nunca han visto un computador acaban maravilladas y con muchas ganas de regresar.
Trabajar con alegría y servicio. Esa es la misión de los profesionales y jóvenes estudiantes que laboran en este recinto. "Me gusta el trabajo porque mientras uno trabaja, se enriquece" comenta Lucas Maya, bibliotecario y estudiante de la Universidad de Antioquia. Es así que este viernes se conmemoran los 5 años desde que la Biblioteca Pública EPM embarcó al centro de Medellín en un mar de sabiduría y conocimientos.
Y este trayecto hizo de lo imposible, un evento diario: unir la risa de un anciano viendo una serie televisiva de antaño a la de un niño que ve un video cómico por Internet.
Riquezas como esa, en ningún otro lugar.
Pico y Placa Medellín
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