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Apocalipsis

  • Ana Cristina Restrepo Jiménez | Ana Cristina Restrepo Jiménez
    Ana Cristina Restrepo Jiménez | Ana Cristina Restrepo Jiménez
13 de diciembre de 2011
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Cómo lamento que Colombia haya advertido quién es Camilo Jiménez el día de su renuncia.

En el círculo de las letras (las que se escriben, borran, tachan, leen, subrayan) sabemos quién es. Pero, tal vez, solo hasta ahora el resto del país supo de su existencia.

El avatar que lo identifica en Twitter es su cara enmarcada por la imagen clásica de la caja de fósforos El Rey. Y los encendió todos el día de las velitas con una publicación en su blog ' El Ojo en la Paja '.

Para empezar, Jiménez es un escritor, buscador, preguntón -y ante todo, lector- que ha editado dos de las revistas más prestigiosas del país: El Malpensantey Soho , así como a autores de la talla de Alberto Salcedo Ramos.

Su polémico escrito, una carta de renuncia a la Pontificia Universidad Javeriana, es una crítica a sus alumnos de Comunicación social por su "absoluta ausencia de curiosidad y de crítica", pero también un mea culpa: "no supe invitarlos a pensar". Y una reflexión: "Es cándido echarles la culpa a la televisión, a Internet, al Nintendo, a los teléfonos inteligentes. A los colegios (?) A los padres (?) al 'sistema'". Lejos de apuntar a un único responsable, este texto es el resultado de una búsqueda.

***
Al principio de cada curso, les pregunto a mis estudiantes (quienes, aclaro, en un 97% son de carreras diferentes a Comunicación social): 1) ¿Cuál es el libro que más les ha gustado? 2). ¿Qué están leyendo ahora? Este semestre, en un salón de cuarenta, 34 no habían leído ningún libro distinto a Cien años de soledad (en el colegio). Dos eran asiduos lectores y me contaron las tramas de sus obras favoritas. Otros tres me hablaron de textos de autoayuda (peor es nada, pensé); y a otra le encantaba "todo lo de Agatha Christie". ¿Cuál historia?, curioseé. "Todas", dijo. Cuénteme qué le atrae de Hercule Poirot, insistí. Pero a ella le dieron ganas de ir al baño.

En la mitad del semestre suelo indagar: ¿cuántas cartas de amor han escrito? (Todos se ríen de mí, como si hablara de paseos a lomo de dinosaurio).

En el imaginario colectivo escribir significa juntar letras... pero de ahí a parir Cien años de soledado Las flores del mal hay un largo trecho. Y no es que pretendamos formar premios Nobel ni poetas malditos, pero es preciso subrayarlo: para escribir se necesita mucho más que papel y lápiz (o un teclado).

Corre ahora la apreciación simplista de que "escribir es elemento constitutivo de toda cátedra" y, en consecuencia, no son necesarias las clases de escritura y comprensión de lectura. Bajo esa óptica, escribir es como sumar: una habilidad primaria, algo que todo el mundo sabe hacer. Si bien sumar me puede facilitar la administración del hogar, no me convierte en economista.

Camilo Jiménez tocó la primera trompeta del Apocalipsis (¿A cuál plaga corresponde? A la caída estrepitosa de la calidad en la enseñanza de Humanidades, en aulas universitarias y escolares). Faltan seis más. Es posible que los profesores de Español terminemos formando una orquesta de vientos, resignados a que el fin del mundo se resuma en 140 caracteres, un PIN de Blackberry, un post de Facebook.

O demos la pelea hasta encontrar un nuevo san Juan? capaz de alucinar frente a una página en blanco.

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