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Acuerdo es solo una lista de buenas intenciones: Lafaurie

Para el presidente de Fedegán es indiscutible la enorme deuda social con el campo, pero advierte que lo acordado en Cuba no soluciona los males.

  • Acuerdo es solo una lista de buenas intenciones: Lafaurie | Lafaurie asegura que reconocer el histórico abandono del campo es importante, pero cuestiona que de la negociación sobre tierras hay "mucho ruido y poco acuerdo". FOTO DONALDO ZULUAGA
    Acuerdo es solo una lista de buenas intenciones: Lafaurie | Lafaurie asegura que reconocer el histórico abandono del campo es importante, pero cuestiona que de la negociación sobre tierras hay "mucho ruido y poco acuerdo". FOTO DONALDO ZULUAGA
28 de mayo de 2013
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Durante los seis meses de negociación del primer punto sobre tierras y desarrollo agrario entre el Gobierno y las Farc sus críticas fueron persistentes. El acuerdo dado a conocer en Cuba, que hoy se muestra como el primer logro de los diálogos de paz, tampoco lo convenció.

Para José Félix Lafaurie, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (uno de los gremios más representativos del país), los temas acordados son “una lista de mercado de buenas intenciones, de remota aplicación real que no resuelven los asuntos sustanciales”.

 El acuerdo sobre tierras se celebra como avance real, ¿por qué usted se mantiene escéptico y crítico?
“Entiendo que el documento completo del acuerdo, si es que existe, está embargado hasta que todo esté acordado y no se puede conocer por la confidencialidad y porque sino hay acuerdo final lo de tierras se queda en nada. Entonces concluyo que hay mucho ruido  y lo que se conoce es una larga lista de mercado. Esos temas han sido motivo de estudio y reclamo de los gremios empresariales del campo y se encuentran en los planes de desarrollo de los últimos cinco gobiernos”.
 
¿Duda que sea posible revertir el atraso del campo, la concentración de la propiedad rural y dignificar al campesinado?
“Es evidente que hay una gran deuda social y económica con el campo. Nadie puede estar en desacuerdo con la inversión social o en mejorar la infraestructura, lo que pasa es que hasta ahora no ha habido plata ni políticas para incorporarlos al desarrollo rural y condiciones para el encadenamiento productivo. Para el campo hay 30 veces menos inversión que para el sector industrial, pero no hay derecho que sea un grupo violento, que es el mayor depredador del campo con secuestros, desplazamientos forzados y despojo de tierras, el que ahora venga a tocar la conciencia nacional”.
 
¿Si se lograra la paz, su gremio apoyaría las soluciones que plantea dicho acuerdo?
“No se puede hablar de temas hipotéticos, pero todo aquello que favorezca una política pública tenemos que apoyarlo quienes representamos gremios del campo. No obstante, ¿qué pasó con la reforma agraria que entregó tierras a campesinos?: terminaron en manos de terceros porque no hubo reforma integral con asistencia técnica, encadenamiento productivo ni inversión para la productividad”.
 
Entonces los males del campo colombiano son insalvables, según sus palabras...
“Al país hay que hablarle con la realidad. A veces me preocupa ser la persona que le dañe la fiesta a todo el mundo, a todos los que se montaron en esa gran ilusión, pero uno no puede construir escenarios deseables a base de titulares de prensa y una lista de buenas intenciones, cuando los temas sustanciales se quedaron por fuera.  Pregunto: ¿en qué quedó la locomotora agropecuaria que anunció el Gobierno?”.
 
El acuerdo busca promover la frontera agrícola en manos del campesinado, lo que contrasta con 38 millones de hectáreas de ganadería extensiva que se cuestiona...
“La ganadería extensiva es la consecuencia de falta de política pública e infraestructura adecuada para explotar el potencial agrícola. La gente no tiene tierra para caminar sobre ella sin generar rentabilidad. Desde Fedegán hemos propuesto que por los menos 10 o 15 millones de hectáreas deberían estar en agricultura o reforestación comercial y protectora. El gran problema es que la tierra que esté en ganadería necesita 10 millones de pesos de inversión por hectárea, si son un millón de hectáreas se requieren 10 billones. ¿Existe esa plata?, además hay que preguntarle a los empresarios del campo si pueden hacer ese esfuerzo financiero. El discurso de  ‘Pablo Cata tumbo’ jefe de las Farc se queda en las zonas alimentarias”
 
El Gobierno ha dicho que la propiedad privada no se toca en el acuerdo. ¿Teme por los intereses de los ganaderos a pesar de esa promesa?
“Sí. Claro.  Quisiera que la promesa del Gobierno estuviera escrita en piedra, pero, la verdad, tengo fundados temores. De hecho, la Ley de Desarrollo Rural, que ha sido el documento base de discusión en La Habana, contiene elementos de expropiación por vía administrativa que le falta claridad, y hasta procesos de extinción de dominio por sanciones ambientales, que quedan al arbitrio de funcionarios de las entidades del ramo. Pero hay más. Precisamente una de las llamadas ‘salvedades puntuales’ del acuerdo, que se dejaron para más tarde, es decir, sobre las que no se logró acuerdo, tiene que ver con el latifundio legal utilizado productivamente, que las Farc quieren limitar y expropiar. A su vez, por otro lado, los grandes grupos económicos avanzan en procesos de adquisición de tierras para proyectos empresariales que generen empleo rural y, a la vez, le permitan al país competir con los grandes productores mundiales de alimentos y biocombustibles. Es algo que no quedó resuelto”.

Las zonas de reserva campesina se muestran en el acuerdo como protección al pequeño campesino. ¿Por qué sus advertencias sobre esta figura agraria?
“ Porque, en la práctica, en las que hoy existen hay presencia e influencia política de las Farc, que deciden sobre qué se cultiva y qué no. Incluso de cultivos ilícitos y sobre muchos aspectos de la vida diaria de las comunidades rurales. Es algo que tampoco quedó resuelto, porque las Farc insisten en 9 millones de hectáreas con autonomía administrativa y política, y el anuncio oficial habla solamente de “vigorizar” el modelo, sin que haya precisión sobre el alcance de esa figura. Además, las zonas de reserva campesina son la institucionalización del minifundio improductivo, a no ser que se doten de infraestructura, de condiciones de desarrollo y de mecanismos agresivos de asociatividad, que aún no se ven por ningún lado. Ahora mismo  son la institucionalización de la pobreza y de la inmovilidad social del campesino pobre, verdaderos guetos rurales”.

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