Tantas veces leído y estudiado Bertrand (pues en tiempos de confusión sus ideas son siempre frescas), he leído de nuevo su texto sobre El elogio de la ociosidad, en el que usted afirma que el exceso de trabajo nunca ha sido beneficioso para las sociedades, ya que hay gente que trabaja demasiado (más de las horas convenientes y pactadas) quitándoles las posibilidades de trabajo a otros que podrían desempeñarse en ese excedente horario, ganando así un dinero y no engrosando las filas del desempleo. El excesivo trabajo de unos genera la imposibilidad de crear vacantes. Y a más brecha en el mundo del empleo (unos que absorben las horas de trabajo que podrían desempeñar otros), menos posibilidades de generar empresa, innovación y mercado. Lo anterior, la falta de productividad eficiente, se debe a la carencia de ocio, palabra ésta que gusta poco entre quienes creen que el trabajo cuasi-esclavo es mejor que el debidamente asalariado.
Es claro, querido Bertrand, que el trabajo por el trabajo (la labor excesiva) no funciona. Basta ver a las abejas y las hormigas que no paran de trabajar sin lograr nada interesante, a no ser lo mismo (no mejoran sus métodos) pero peor debido a las condiciones ambientales del entorno. De aquí que usted proponga el ocio como forma de detenerse a pensar, informarse, explorar, hacer nuevos ensayos, determinar causas colaterales, estudiar nuevas posibilidades y sentirse humanos. Porque la humanidad nace del encontrar razones de vida (para sí y para el otro) y no de moler ensimismados (como las vacas cuando pastan) hasta caer rendidos y llegar a la casa a mirar lo que hacen otros (fútbol, telenovelas, telenoticieros) en lugar de participar en acciones que proporcionen cultura y humanidad.
Hay quienes dicen que se trabaja para continuar la obra de D's, como si D's hubiera dejado el mundo empezado. En términos de ciencia y de filosofía, el mundo está completo y la tarea del hombre (incluyendo a la mujer para evitar problemas de género) es la de lograr del mundo el mejor uso, no destruyéndolo con el trabajo delirante sin más fin que tener dinero (algo que en última instancia no se puede comer ni beber) sino haciéndolo un lugar habitable para todos. Pero, querido Bertrand Russell, parece que trabajar y pensar bien (para esto es la ociosidad) es peligroso, así que se empuja a unos a trabajar por dos o tres (hasta el cansancio) y se deja sin trabajo a otros que, por estar desesperados, no ejercen el ocio sino la desesperación. Y sin nuevos horizontes (los de revisar lo que se hace), la deshumanización es total. Podríamos hablar de Marx, pero ahora es un enemigo público.
Bertrand Russell, filósofo, escritor y matemático inglés. Nació en 1872 y murió en 1970, después de combatir a los teóricos del exceso y a los enemigos de la civilización (el estar bien). Fue pacifista al punto de sufrir encarcelamiento. Y fue noble (Sir), de cuna y de espíritu. Algo poco común.
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