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A NICOLÁS

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18 de junio de 2013
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Querido Nicolás:

Sé que estás enojado conmigo y que ya no quieres saber más de mí. ¡Qué tonto fui al no darme cuenta del error que estaba cometiendo… Nunca imaginé que te fuera a perder por este tonto disparate que cometí. Sé que herí tu corazón y que traicioné nuestro juramento, y ese gran amor que nos teníamos.

Perdóname, por favor, Nicolás.

Te prometo que si me perdonas, no me volveré a reunir con Capriles, ni con nadie, sin primero pedirte permiso a ti.

Te necesito, y sabes que hago lo que sea por ti.

¿Cómo se me ocurrió hablar con un demócrata? ¿Cómo pude entrevistarme con un contendor tuyo? ¿Cómo pude cometer ese increíble error tan grande? Jamás entenderé cómo perdí el rumbo.

Aunque sé que nada justifica mi actuar, tal vez lo hice, porque en el pasado me reuní, y les di trabajo a quienes atacaban al hombre que me llevó a la presidencia, y no pasó nada. Olvidé que tú eras inmensamente sensible.

En medio de mi desespero por no tenerte, llamé a Correa y me dijo que por ahora no podía hacer nada para ayudarme a recuperarte, porque estaba sumamente ocupado puliendo la ley de mordaza a la prensa. Su tierno objetivo es lograr que los periodistas solo hablen bien de él.

Cuando llamé a Ortega, lo sentí enguayabado en medio de la rumba de celebración del lanzamiento del canal chino que se construirá gracias a los mares arrebatados a Colombia. Me dijo que nos veríamos otra vez en la Corte, y que me preocupara solo por lo importante, es decir, por ti, amado Nicolás.

Por lo que te hice, nadie me ayuda a recuperarte, y todos están enojados conmigo.

Fue tan grande mi error, que conseguí que la oposición y las guerrillas, increíblemente están de acuerdo, y me regañan todo el día.

Como sé que no te gustan los regalos burgueses, no te he comprado rosas, peluches, ni chocolates. Para ayudar a recuperar tu linda y abundante sonrisa, he pensado en enviarte detallitos que pudieras necesitar en caso de que decidas romper por largo tiempo.

Tengo empacado pollos, azúcar y mantequillita baja en grasa para tu colesterol. Entre unos rollos de papel higiénico, envolví algunos huevitos para que no se te quiebren.

Te necesito, Nicolás.

Les he pedido a nuestras patronas, la Virgen de Coromoto y la Milagrosa de Chiquinquirá, que te iluminen, y que por favor recibas mis regalos no solo como una muestra del profundo y entrañado afecto que te tengo, sino como un recordatorio de que tú, Nicolás, también me necesitas.

Amiguis, no peleemos más. Desarmemos nuestros corazones y hagámonos pasito. Mejor ven y devuélveme esa sonrisa, a la que nunca debí defraudar.

Amigo por siempre,

Juan Manuel.

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