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¡A la salud del Che!

  • ¡A la salud del Che!
01 de enero de 1900
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¡A la salud del Che!Por
Fernando Londoño Hoyos

Entre ese mar de mermelada barata que fue la transmisión televisada del regreso de Clara Rojas y Consuelo González, con un libreto que parecía de Félix B. Cagnet en su mejor momento, a nuestros lelos periodistas se escaparon los hechos sustantivos del acto. O por lo menos la inmensa mayoría de ellos. Y entre esas omisiones subrayamos la evidente dedicatoria del acontecimiento al Che Guevara.

En muy pocos minutos quedó claro el elenco del sainete. La inevitable Piedad Córdoba, cada vez más voluminosa y satisfecha de sí misma, el bronco ministro del Interior y de Justicia de Venezuela, el embajador de Cuba, los austeros y prudentes delegados de la Cruz Roja, los guerrilleros, las liberadas y otra corpulenta mujer, la más conspicua, la más besucona, la más ágil, la primera en llegar a todas partes, la que más cámara absorbía, más cosas decía, sin que se sepa cuáles eran, ni interese averiguarlo, pero la que llevaba la bandera, la que mostraba la intención y el alcance de aquel juego de política tramposa. En su camiseta oscura, harto grande como a su figura correspondía, la imagen del Che Guevara despejaba cualquier duda sobre el patrocinio ideológico de la jornada.

A nadie sorprenderá la afinidad de la dictadura venezolana con la dictadura cubana. El camarada paracaidista ha repetido hasta la fatiga su admiración, devoción y dependencia intelectual del caduco tetrarca cubano. Tampoco a nadie le quedará duda de que el Che es el símbolo del régimen cubano, y tampoco puede olvidarse que las Farc nacieron comunistas, que comunistas se han definido siempre y que comunistas agonizan.



No es para nada difícil, entonces, adivinar por qué secuestran las Farc a nombre del Che Guevara. Lo hacen porque quieren dinero y el secuestro es una de sus reconocidas fuentes de ingresos. Pero lo hacen sobre todo por sembrar terror entre la sociedad colombiana. Por miedo al secuestro quedaron a la deriva los campos y las villas; por miedo al secuestro no se aventuraba un carro por nuestras carreteras; por miedo al secuestro salieron de sus pueblos humildes y sus parcelas amadas centenares de miles de compatriotas; por miedo al secuestro dejaron el país millones de colombianos que han encontrado otra vida en los Estados Unidos, en España o en cualquier parte que no sea Colombia, este horrible sitio donde a la gente, los niños, los hombres y las mujeres se los roban para cobrar rescate por su libertad. En la lucha por desestabilizar, arruinar, destruir este país, el secuestro no tiene parangón como método terrorista. Por eso está tan claro que las Farc secuestren a cuantos pueden. El Che, campeón de los fusilamientos de inocentes en Cuba, sería el más resuelto de los secuestradores. Por eso los inspiran su efigie y su memoria.

Lo que podría ser menos fácil de descifrar es por qué se liberan víctimas del secuestro a nombre del mismo Che Guevara. Pues por varias razones. La primera, porque la entrega de Clara y Leonor no fueron gratuitas. Chávez pagó millones de dólares por lograrla y Sarkozy deberá hacer otro tanto si quiere a Íngrid. La segunda, porque a una prensa bobalicona y una opinión elemental y simple se le puede meter gato por liebre y venderle la especie de que las Farc no son, en el fondo, tan perversas. Y la tercera y principal, porque la farsa daría dividendos políticos. Y los hubiera dado, si Chávez fuera menos bronco y con algo de sutileza manejara el tema. Exigir al otro día el retiro de las Farc de la lista de terroristas, fue demasiado.

Hasta los franceses quedaron desarmados ante tamaña audacia. Declarar insurgentes a los que hicieron lo que hicieron con Clara y Consuelo, y lo siguen haciendo con más de 700 compatriotas, solo puede ocurrírsele a una mente tan primitiva como la de Chávez. Combinada, por supuesto, con la de Rodríguez Chacín y Piedad Córdoba. ¡Qué terna, por Dios! Y la insurgencia de las Farc le daría a Chávez temible poder en Venezuela.

Ya tendremos ocasión de desnudar el sentido de esa jugada siniestra.

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