Después de una sequía de 11 años, Tiger Woods celebró a sus 43 años, su título 15 de Grand Slam, demostrando una longevidad excepcional que no es rara en el mundo del deporte actual, si miramos los casos de Roger Federer y Serena Williams o el astro del fútbol americano Tom Brady como máximos exponentes.
Veintidos años después de su primer “major” en el Augusta National Golf Club, Woods volvió a ser “maestro”.
Su quinto triunfo en Augusta ya es visto como uno de los grandes hitos de la historia del golf y del deporte.
Y es que el “Tigre” viene de lejos: entre 2014 y 2017 su carrera parecía acabada al sufrir insoportables dolores de espalda. “Tenía serias dudas de que pudiera volver (a competir) hace dos o tres años. No podía caminar ni estar sentado ni acostado, no podía hacer nada”, recuerda.
Operado de la espalda en tres ocasiones, el estadounidense decidió volver a pasar por el quirófano en 2017 para someterse a una fusión espinal que le devolvió su movilidad y así salvó su carrera .
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