El trabajo de los sicólogos en las instituciones educativas ha dejado atrás, en poco más de una década, su enfoque sancionatorio y de adaptación estudiantil a las normas de convivencia, para convertirse en elemento fundamental de un proceso formativo cuyo eje es la interacción entre todos los miembros de la comunidad escolar.
Así lo consideran expertos como Mónica Liliana Franco Morales, sicóloga especialista en familia, para quien “el enfoque punitivo de antaño se ha transformado en el de docente orientador, con una visión mucho más amplia y tendiente a la prevención de comportamientos con repercusiones negativas”.
En sus palabras, el terapeuta está llamado a brindar orientación por medio de trabajos grupales e intervenciones en equipo con los demás profesionales del plantel escolar, una dinámica con la que está de acuerdo Luz Adriana Pineda Herrera, sicóloga en el Colegio Benedictino.
Pineda sostiene que las intervenciones grupales permiten desarrollar habilidades sociales y competencias ciudadanas, a partir de las directrices del Ministerio de Educación. En sus palabras, el psicólogo “hace parte de una red encargada de dar forma al factor de protección inherente al trabajo con niños y jóvenes, el cual se diseña con ayuda de las familias y de un equipo interdisciplinario”.
Dicho proceso permite tener una mirada más amplia de los comportamientos de los estudiantes y facilita su remisión oportuna a un experto por fuera de la institución o, por el contrario, una atención interna adecuada.
Trabajo conjunto
Para Raquel Ardila Gallo, sicóloga del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, “toda situación que alerte a un padre de familia sobre un comportamiento de su hijo o su hija es motivo de escucha para el sicólogo, para poder determinar el tipo de intervención”.
En ese sentido, y aunque la importancia del sicólogo en el sector educativo ya es muy bien valorada entre padres de familia y estudiantes, la experta reconoce que hace falta formar más a los jóvenes para hacerles entender que recurrir a este profesional les otorga la posibilidad de ser escuchados.
De otro lado, la voz de los profesores, al ser quienes más cerca están del desarrollo cognitivo de pequeños y jóvenes, puede convertirse en una alerta que lleve a los padres a identifican fallas en la tarea de guiar a sus hijos.
En palabras de Luz Adriana Pineda, “el que los miembros del grupo familiar detecten estilos parentales inadecuados y pautas de crianza poco efectivas puede ser el punto de partida. También se puede iniciar un proceso de análisis con base en un diagnóstico realizado por un profesional externo, al que los padres llevaron a su hijo, partiendo de una preocupación genuina”.
Sea como sea, y a pesar de que el sicólogo debe cumplir hoy con responsabilidades de todo tipo en escuelas y colegios, incluso liderar proyectos de talento humano o hacer trabajo administrativo, estas profesionales coinciden en que una premisa fundamental es la de mantener mucha cercanía con los estudiantes de todas las edades.
“Hay que acercarse a ellos en espacios que no sean de intervención directa, como el aula de clase o los descansos, para que no se les haga extraño cuando uno de sus compañeros acude a uno. Eso facilita que sean ellos quienes te busquen para contarte sus temores y ser escuchados. Se trata de la cercanía y la empatía que genere el sicólogo con ellos”, puntualiza Pineda.