colombia | Publicado el 26 de June de 2018

Volvería la aspersión aérea para frenar crecimiento de coca

Olga Patricia Rendón Marulanda

Para el presidente Juan Manuel Santos, lo que ha faltado en la lucha contra el narcotráfico es innovación, por eso el país debe apuntar a nuevas estrategias ayudado por el resto del mundo, sobre todo de países consumidores.

Para ello, hoy el Ministerio de Defensa entregará al Consejo Nacional de Estupefacientes un proyecto que permitirá fumigar con glifosato a través de drones, y ya no de aviones como se hacía antes de 2015, cuando fue prohibido por sus efectos nocivos en la salud.

“Esa tecnología está madura. Se puede hacer con facilidad, tiene la duración necesaria en el aire, capacidad de carga para hacer las aplicaciones, y la mitad de la concentración del veneno”, explicó el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas.

Todo esto porque, a pesar del Acuerdo de Paz y de los programas de sustitución voluntaria de cultivos, a los que se han inscrito 77.659 familias según el Plan Integral Nacional de Sustitución, PNIS, las hectáreas sembradas aumentaron, alcanzando, según la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca (Ondcp, por sus siglas en inglés) 209.000, 11 % más que el año anterior, datos que para el gobierno norteamericano son inaceptables.

“El mensaje del presidente Donald Trump a Colombia es claro: debe dar marcha atrás al crecimiento en la producción de cocaína”, dijo el subdirector de la Ondcp, Jim Carroll. Al respecto, el presidente Santos señaló que el aumento fue menor al que se esperaba que era, según reveló la semana pasada, del 30 %.

En ello coincidió Juan Carlos Garzón, investigador de la Fundación Ideas para la Paz, quien al analizar las cifras dijo que: “el alza más fuerte en el número de hectáreas cultivadas en Colombia fue en 2014 (antes de la suspensión de la aspersión) y en 2015. Desde 2016, ha sido menos intenso”.

Ante la inminencia del regreso del glifosato, la politóloga experta en temas de cultivos de uso ilícito, María Isabel Loaiza, afirma que “si bien disminuye de manera efectiva el cultivo, no acaba el problema de raíz, porque eso obliga a que quienes lo hacen, desplacen las plantaciones y las dividan en pequeños grupos”.

La experta agrega que “podrán usar glifosato, pero no tienen alternativas. El problema no acabará. Hay que darles opciones en mercados lícitos para que, a quienes les resulta rentable la coca, deje de ser una tentación”.

Aumentó la productividad

La producción potencial de cocaína pura también subió el 19 %, hasta las 921 toneladas métricas. Esto preocupa, porque puede significar que los narcos han logrado volver más productiva la hectárea. Si en 2008 eran necesarias 371 hectáreas para lograr una tonelada de cocaína y en 2015 se requerían 291 hectáreas, hoy se consigue con 226.

“A pesar de que los esfuerzos de erradicación mejoraron en 2017, fueron superados por la aceleración en la producción. El gobierno debe hacer más para abordar este aumento”, señaló la Ondcp.

Esto es algo que han venido alertando varios centros de pensamiento, entre ellos Insight Crime: “ha habido avances en la siembra, en el cuidado de plantas y en su cosecha, lo que ha llevado a un incremento de la producción. En primer lugar, a la vez que el tamaño de los cultivos ha crecido como resultado de la suspensión de las fumigaciones aéreas, los cocaleros han sembrado con sus métodos de cultivo intensivo y siguen utilizando los abonos que empleaban cuando los cultivos eran más pequeños. También han aprendido que la coca prefiere tener un poco de sombra, y por eso ‘el intercultivo’ de la coca con otras plantas ha ayudado a mejorar la producción, y a evadir la detección”. De acuerdo con su investigación, los narcos han logrado sofisticar los laboratorios de producción y cristalización de cocaína.

Es por eso que EE. UU. le pide a Colombia aumentar el ritmo de interdicción, ya que si no logra frenar el aumento de las plantas, atacar a las redes criminales cuando el producto está listo puede resultar beneficioso.

Según Daniel Mauricio Rico, economista, politólogo y director de C-Análisis, el próximo presidente de Colombia (Iván Duque) se va a encontrar con tres bombas: crecimiento de cultivos y transformación rural generada por ilegales, manifestación de EE. UU. que podría incluirlo como un país descertificado y un presupuesto que no es consecuente con la lucha contra las drogas. “Va a encontrar la olla raspada. Tal vez lo más importante es que la estrategia no esté fragmentada: que incluya el desarrollo rural, la salud pública, la política criminal, la política exterior, entre otros aspectos”, concluyó el experto..

Contexto de la Noticia

A mediados de julio la ONU contra la Droga y el Delito entregará el informe de monitoreo de cultivos de uso ilícito de 2017, en el que se muestra de manera detallada los lugares más afectados por matas de coca. El informe anterior hablaba de 146.000 hectáreas. El Gobierno Nacional diseñó un plan que busca reducir los cultivos de uso ilícito a la mitad en 5 años, lo que quiere decir que cada año se deberán erradicar 70.000 hectáreas. Esta estrategia ya fue compartida con Estados Unidos quien confirmó su apoyo en la lucha contra las drogas en Colombia.

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