antioquia | Publicado el 14 de enero de 2018

¿Un nuevo campus para la Universidad de Antioquia?

1. Mauricio Alviar, actual rector de la U. de A. anunció que aspirará de nuevo al cargo. 2. Así será el nuevo complejo de la salud. FOTOS edwin bustamante y cortesía

Vanesa Restrepo

El 2018 es un año decisivo para la Universidad de Antioquia: elige nuevo rector, comienza a construir un nuevo complejo para las ciencias de la salud, estrena plan de desarrollo y debe decidir cómo resolver el problema de espacio que tiene, pues su sede central fue construida para 12.000 estudiantes y hoy alberga 28.000.

La U. de A. es la cuarta institución de educación superior que más estudiantes produce después de la U. Nacional, la Javeriana y la Cooperativa (según el Observatorio Laboral del Ministerio de Educación Nacional). En Antioquia, en total de estudiantes es la mayor, seguida de la U. Nal. sede Medellín, con 10.447. Y fue la primera universidad pública del país, fundada en 1803.

EL COLOMBIANO habló con Mauricio Alviar, actual rector, quien además adelantó en exclusiva que este mes vendrá a la ciudad una comisión del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para discutir opciones de financiación para la ampliación de la ciudadela universitaria.

En tres años de rectoría, ¿cuál es el logro que más lo enorgullece?

“El más importante fue haber alcanzado la normalidad académica y la unificación del calendario. Cuando llegué a la rectoría teníamos 16 calendarios académicos y hoy llevamos cuatro semestres en completa normalidad, con un calendario unificado. Eso trae beneficios a los alumnos, que hoy pueden tomar cursos intersemestrales, tener vacaciones como cualquier otro estudiante; y a la universidad, aumento en la eficiencia administrativa y control en el gasto, representado, por ejemplo, en contratos de hora-cátedra que antes se tenían que extender.

También el plan de desarrollo que se aprobó en agosto del año pasado y que pone a la universidad en perspectiva para los próximos 10 años”.

¿Cuál es el reto de la universidad para 2018?

“Uno de los aspectos en los que no se ha avanzado como hubiera querido es la revisión del reglamento estudiantil y del estatuto profesoral. Es un tema de gran sensibilidad, pero el reglamento vigente es del año 81 y cada que se va a tocar hay controversias por parte de los estudiantes. Ya avanzamos en detectar los puntos más problemáticos, pero deben haber reformas”.

La universidad venía con
un déficit presupuestal ¿Cómo ha evolucionado?

“Se logró, con la reforma tributaria de 2016, que recursos del IVA llegaran a las universidades públicas para su funcionamiento. Con eso hubo un incremento de la base presupuestal que no se tenía hace mucho tiempo, porque los últimos recursos recibidos eran solo para inversión en infraestructura. Este año recibimos $18 mil millones, que permitieron reducir el déficit en 55 %. Nos falta mucho y falta lograr que el municipio de Medellín se vincule al financiamiento de la universidad con recursos de base presupuestal. Con ese dinero, además, pudimos ampliar la planta docente en 30 plazas (...) Esa nómina estuvo congelada durante más de 20 años: teníamos los mismos 1.576 profesores del año 90 y estábamos en 2017”.

Usted propuso el cambio de examen de admisión e hizo una prueba con fallas. ¿Se queda entonces como está?

“Esa es una tarea pendiente. En las decisiones últimas del Consejo Académico se concluyó que el actual proceso de selección necesita un ajuste. Con la Vicerrectoría de Docencia hemos seguido estudiando el tema y construyendo una propuesta para tener una mejor selección. El ejercicio que hicimos en noviembre de 2015 mostró que esa reforma es necesaria y conveniente.”

¿Cómo está la Universidad en descentralización e infraestructura?

“En la regionalización han habido avances: todas las sedes y seccionales han hecho mejoramientos de infraestructura y académicos. Por ejemplo, en Urabá, con 24 profesores de tiempo completo, hicimos el ejercicio para lograr mayor autonomía académica y definir las áreas de conocimiento en las que los territorios tienen mayor potencial de desarrollo. Eso resultó en (el programa de) Ciencias del Mar, que es clave y está articulado a las fortalezas de la región. No hay planes de abrir nuevas sedes, porque implica inversiones para las cuales no tenemos recursos. Hay que trabajar y fortalecer lo que tenemos y ampliar la formación virtual”.

Los investigadores dicen que la Sede de Investigación Universitaria se quedó corta. ¿Se puede ampliar?

“Eso está pendiente y lo tenemos que abordar. Inclusive en todo el proyecto que se está pensando para la ampliación de la ciudad universitaria está contemplada esta sede. Eso exige una gestión de recursos importantísima porque no solo es construir sino también dotar esos laboratorios. Hay que hacer la gestión y ya estamos en eso”.

¿Qué tan crudos están los proyectos?

“Eso está a 10 años y podríamos decir que semicrudo. El proyecto está y hay una perspectiva de financiación con recursos del BID. Pero estamos en el proceso de estructuración, sin cifras definidas; excepto las del complejo de la salud, que son 75 millones de dólares (alrededor de $220 mil millones al cambio actual) está proyectado y financiado.

El problema de las ventas ambulantes ha sido un dolor de cabeza para la universidad. ¿Cómo se resuelve?

“Hemos avanzado positivamente pero falta mucho por hacer. Se logró, con estudiantes que estaban en condición de ventas informales, ingresar al programa de bienestar universitario, que consiste en domos fijos y móviles para ventas. Hoy están funcionando 7 domos móviles con buena acogida y 18 estudiantes beneficiados. Ellos reciben apoyo económico, además de la seguridad social completa. Lo que falta es ampliar el número de estudiantes beneficiados, la propuesta es tener en 2018 otros 5 domos móviles. Y a quienes persisten en situación de informalidad por fuera de las normas, los tendrán que someter a sanciones disciplinarias”.

¿Cómo han luchado contra la venta y consumo
de drogas?

“Una cosa es el consumo de sustancias psicoactivas y otra el fenómeno de venta y microtráfico. El consumo de marihuana ha sido un asunto histórico, pero tenemos herramientas para contrarrestarlo: campañas, apoyo psicológico a los estudiantes, rehabilitación...

Y en lo que tiene que ver con la venta no podemos ser tolerantes. En 2017 llegamos a un punto de extrema gravedad y, por eso, el 2 de junio tomé la decisión de cerrar la universidad un fin de semana para hacer inspección de todo el campus. Queremos ser mucho más estrictos en el ingreso, porque esa es nuestra gran debilidad. Ha habido robos internos, microtráfico y lo que hemos hecho es denunciar ante las autoridades y pedir apoyo para que se tomen acciones”.

¿Hay algún indicio de que exista un cartel de las drogas en la universidad?

“No. Y eso me tranquiliza mucho. Con las medidas del 2 de junio me decían que yo dañaba la imagen de la universidad y yo les dije que lo mío precisamente es proteger a la comunidad de los bandidos que se quieren meter.

Para tranquilidad de todos, las autoridades reconocieron que no hay una conexión de bandas criminales al interior de la universidad, sino vendedores esporádicos que están siendo investigados”.

Hay estudiantes que llevan muchos años y carreras, y que incluso han estado envueltos en líos judiciales. ¿Qué pasa con eso?

“Es un tema del reglamento estudiantil. La universidad hoy no le puede cerrar las puertas a esas personas. Cualquier estudiante puede hacer una carrera y empezar otra, así no haya terminado la primera. Yo soy el primero que he criticado que un estudiante que ya recibió un subsidio del Estado en una cuantía extraordinaria, se dé el lujo de hacer otro pregrado sin pagar. Eso es inequitativo”.

¿Esa necesidad de control minimiza la posibilidad de tener una universidad sin rejas o muros?

“Yo antes diría que la potencia. He hablado de quitar las mallas y eso tiene que hacerse con planeación y cuidado. Lo primero sería reforzar la seguridad en cada bloque. Aquí en Colombia, por ejemplo, la Javeriana es abierta y está en zona central de Bogotá, pero cada edificio de bloques cada estudiante debe presentar su carnet o huella.

Esos mecanismos ya están inventados. Nos tenemos que preparar, pero no se trata de hacer locuras ni entregarle la universidad al narcotráfico o los habitantes de calle”.

El parqueo sigue siendo un problema. ¿Qué alternativas se han planteado para eso?

“En esa zona de la ciudad, que el POT ha definido como distrito de innovación, se está planteando el desestímulo del uso de carros particulares.

Ahí tenemos estación del metro y Metroplús; y un proyecto de ciclorrutas que está muy avanzado y en los planes que tenemos se reduce significativamente el uso de parqueaderos. El mensaje es que hay que ir pensando en la reducción del carro particular”. .

903

estudiantes extranjeros vinieron a formarse en la U. de A. el año pasado.

Contexto de la Noticia

El rector de la Universidad de Antioquia confirmó que la intención es expandir la ciudadela central hacia los barrios Sevilla, Jesús Nazareno y Chagualo, vecinos actuales. “El Consejo Superior ya dio instrucciones, por recomendación de una comisión inmobiliaria, de comprar unos lotes de la zona y que hoy se usan para negocios que, por el cambio en el POT, no pueden seguir ahí”, dijo Mauricio Alviar.

El otro proyecto es comprar el hospital San Vicente Fundación, pues, según Alviar, hay planes de trasladarlo. Las directivas del centro se negaron a comentar sobre el supuesto proyecto.

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En Carepa se construye sede deportiva y en Apartadó los laboratorios para Ciencias del Mar.
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En Amalfi, EPM adecúa unos campamentos para que la U. los use en programas acuícolas.
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En octubre de este año inicia la construcción del complejo de la salud, cerca del campus.
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Cuando las áreas de salud ocupen nuevas sedes, ese espacio se usará para ampliar la SIU.
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El proyecto de tener una nueva ciudadela universitaria tardaría por lo menos 10 años, dijo Alviar.

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