Cultura | Publicado el 7 de March de 2018

Un tiquete para la Monalisa, por favor

ilustración Esteban parís

Mario Alberto Duque Cardozo

La posibilidad de que una persona (o una horda de turistas ávidos de autorretatarse, que así es el turismo ahora) encuentre vacío el espacio donde, en el Ala Delon del Museo del Louvre, debería colgar La Gioconda está más cercana, al igual que el chance de que se la encuentre, en cambio, un visitante de la sala de exposiciones que este mismo museo tiene en Lens, en el norte de Francia.

¿La razón? Pues que la ministra de cultura gala, Françoise Nyssen, quiere que La Gioconda salga de viaje por el país, que más gente (más franceses, habría que decir) la vea. Porque visitada ya es, y mucho.

La obra de Leonardo Da Vinci, tan popular como pequeña, es responsable de atraer al 80 % de los más de nueve millones de personas que, cada año, asisten al Louvre, según un cálculo hecho por esta institución en 2009. Cifra que llevó a su entonces director, Henri Loyrette, a decir que la reconocida dama no saldría de allí nunca más. Porque ya lo había hecho: estuvo en Japón en 1963 y en Estados Unidos en 1974. Y luego, confinada al Louvre, como Rapunzel en su torre.

Los expertos se oponen. Las condiciones de exhibición de esta obra maestra de la técnica pictórica del sfumato incluyen no solo la seguridad, sino también la temperatura y la cantidad de luz que recibe el cuadro. La Ministra insiste. Según declaraciones que recoge el diario español ABC, para combatir la segregación cultural hay que apelar a la itinerancia. “¿Por qué confinar la oferta cultural a algunos lugares, en lugar de hacerla accesible por todas partes?”, pregunta Nyseen.

Por ahora, el viaje de La Gioconda se está “estudiando seriamente”, pero para trashumantes, ya hay otras obras.

Un par de majas en Washington

En 2002, el Museo del Prado decidió prestar dos de sus obras más emblemáticas, con el perdón de Velásquez, El Bosco y Brueghel el Viejo: Las majas de Francisco de Goya. El préstamo hizo parte de la exposición Goya: imágenes de mujeres, que se exhibió en la National Gallery, de Washigton, Estados Unidos. Ya antes, La maja desnuda (de quien se especula puede que sea la entonces duquesa de Alba, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo) había estado en el Ermitage de San Petesburgo en 1998. Para la exposición en Washington, los cuadros del pintor fuendetodino no tuvieron barreras para el público, pero sí unos vidrios especiales que los protegían.

El camino del Viacrucis

Fernando Botero donó, en 2012, su Viacrucis al Museo de Antioquia. Fueron en total 61 obras, entre óleos y dibujos, los que anduvieron por ahí, tanto dentro como fuera de Colombia: se vieron en Pereira y Cali, pero también en Panamá, Chile, México e Italia, además de Nueva York, que fue la ciudad donde se presentaron por primera vez, en 2011. Su viaje, en contradicción con el nombre de la serie, marchó sin inconvenientes y el año pasado regresaron a Medellín.

Van Gogh, de Amsterdam a Londres 2014

En 2014, el Museo Van Gogh, de Amsterdam, cedió temporalmente sus girasoles para juntarlos con los girasoles de la National Gallery de Londres. Del total de 12 cuadros que pensó pintar sobre esta flor, Van Gogh apenas logró siete, cinco están en museos (la National Gallery, de Londres, el Museo Van Gogh en Amsterdam, el Philadelphia Museum of Art, la Neue Pinakothek en Munich y el Seiji Togo Memorial Sompo Japan Nipponkoa Museum of Art, en Tokio), uno hace parte de una colección privada y uno se perdió en un incendio.

Aunque hay otras iniciativas. El año pasado, Facebook, en alianza con aquellos museos donde están Los girasoles, los unió en una sala virtual para lograr una exhibición inmersiva en una de las series más reconocidas del artista.

La libertad guiando al pueblo... de París a Lens

También de la colección del Louvre, el cuadro de Eugène Delacroix estuvo expuesto en la sede que el museo abrió en Lens. La obra, que plasma los alzamientos del pueblo parisino en contra de Carlos X, pasó por allí en 2013. Su estancia en Lens tuvo un particular momento de gloria, cuando una visitante decidió, marcador de por medio, agregarle al lienzo la inscripción AE911, que representa a la organización Architects and Engineers for 9/11 Truth (Arquitectos e ingenieros por la verdad sobre el 9/11). El cuadro tuvo que ser restaurado, claro, y se reforzó la seguridad, pero no se instaló una vitrina protectora para no limitar la visibilidad de la obra.

Tristes presentimientos

En 2008, anduvieron por Medellín dos series de grabados de Francisco de Goya. En la casa Museo Pedro Nel Gómez se exhibieron Los caprichos, pertenecientes a un coleccionista privado. Pero también pasaron por aquí sus Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, que llegaron precedidos de polémica, tras el robo de uno de esos grabados durante su exhibición en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, crimen que ganó notoriedad cuando el docente y artista Lucas Ospina escribió el texto Goya, tu grabado vuelve a la lucha, a manera de burla, pero que la Fiscalía se tomó en serio.

De Colombia para el mundo

La custodia de la Iglesia de San Ignacio de Bogotá, conocida como La Lechuga, es una de las piezas más valoradas del Banco de la República. Y no es por nada: elaborada entre 1700 y 1707, se fabricó en oro de 18 quilates, tiene más 1.400 esmeraldas, 1 zafiro, 13 rubíes, 20 diamantes, 62 perlas barrocas y 168 amatistas. En 2015, abandonó Colombia rumbo a Madrid, donde se exhibió en el Museo del Prado, durante la ya tradicional feria de arte Arco. Se calcula que más de 500.000 personas fueron a ver este tesoro creado por el orfebre José de Galaz por solicitud de la Compañía de Jesús. La Lechuga también estuvo en el Louvre con otras piezas del arte barroco colombiano.

Contexto de la Noticia

Que cuánto vale poner a viajar una obra. Como canta Jarabe de Palo, depende.

Estados Unidos creó, en los 70, el Government Indemnity Scheme, por el cual es el gobierno quien responde ante daños, pérdidas o robo. En metálico, claro.

El año pasado, el Museo de Budapest prestó a España una colección titulada Obras maestras de Budapest. Del Renacimiento a las Vanguardias. El estado español extendió una garantía por 413,36 millones de euros (alrededor de 1,4 billones de pesos, al cambio de hoy) por si algo le pasaba a los cuadros.

En 2011, le contaron empleados de la Casa Museo Pedro Nel Gómez a EL COLOMBIANO, realizar una muestra de Débora Arango con cuadros del Mamm, les costaba 150 millones de pesos solo en seguros. La exposición no se realizó.

¿Llevar las obras a más personas o lograr resonancia (y hacer sonar la caja registradora de los museos)?

La polémica está latente cuando se trata de llevar una obra de la importancia de La Mona Lisa a viajar por el mundo.

Está, claro, el riesgo. Explica María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia, que el peligro es que las obras se dañen irremediablemente, pues los museos que la reciben deben asegurar cualidades de temperatura y humedad que protejan las creaciones, además de contar con la seguridad suficiente y protección contra incendios, entre otras más.

Cuando El Prado decidió prestar 115 obras de Goya a la National Gallery de Washigton, la publicación española El Cultural preguntó a expertos del arte sobre estos préstamos entre museos, entre ellos al entonces director del Instituto Valenciano de Arte Moderno, Kosme de Barañano, quien señaló: “La tarea del director no es ya reunir, conservar e investigar, sino más bien la presentación del espectáculo y su recaudación”.

Pero ya quisiéramos que por acá se paseará, digamos, la Venus de Botticelli, si no es mucho pedir.

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