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¿Y a dónde se fueron las caritas felices?


FOTO ARCHIVO EL COLOMBIANO

Antes de que Facebook se llenara de reacciones, esos emojis con los que los usuarios pueden expresarse, cualquier publicación solo podía recibir un simple “me gusta”. Los usuarios esperaban un botón que indicara lo contrario, un “me disgusta”, pero al equipo de trabajo de la red social más popular del mundo se le ocurrió crear las reacciones en vez de ese anhelado botón.

Así aparecieron “me enoja”, “me entristece”, “me encanta”, “me divierte” y “me asombra”. Con sus emoticones, todo fue diversión al principio.

Antes de la actualización que habilitó las reacciones, en febrero de 2016, se generó un debate en internet sobre la negatividad que podría expandirse si se creaba un botón de “me disgusta” en una plataforma que usan dos mil millones de personas al mes.

Facebook no esperaba que tanto las buenas como las malas noticias despertaran sentimientos negativos tan virales como un buen meme.

En nuestro país esas emociones se reflejaron hasta en hechos positivos, así lo demostró el reciente informe Rabia en la redes: colombianos digitales ante buenas noticias, realizado por la firma de análisis de datos Cifras y Conceptos.

El estudio recogió 201.742 menciones (estados de Facebook y tuits). La muestra fue de ese tamaño porque tomó las cuentas públicas de usuarios en Colombia en las que estos se manifestaron específicamente (con sentimientos positivos, negativos y neutros) sobre alguna de estas cinco noticias: la clasificación de la selección al mundial, el ciclismo nacional en Europa, los colombianos en los Latin Grammy, la participación del país en los Juegos Bolivarianos y la visita del Papa.

El objetivo de la investigación era analizar si las publicaciones de los colombianos frente a estas buenas noticias eran positivas o negativas. Entre los resultados se mostró que la noticia del Papa Francisco generó 13.307 publicaciones con sentimientos positivos y 4.437 con negativos.

Por qué darle tanta importancia a las emociones en la web. Para Homero Gil de Zúñiga, profesor en la Universidad de Viena, donde dirige el Media Innovation Lab (MiLab), Laboratorio de Innovación de los Medios, “en el actual contexto de las redes sociales, la información, las noticias y los asuntos públicos, las emociones de los individuos han ganado un papel inusitado”.

Según él, gracias a los medios sociales sus usuarios se sienten emocionalmente más conectados entre ellos y con las noticias que los tocan, y eso ha propuesto nuevas formas de participación distintas a las que se tenían con el cara a cara.

“Las noticias positivas no son las únicas que generan expresiones con sentimientos de indignación, con las negativas pasa igual. Todas las que coincidan con los puntos de vista de uno, o que sean divergentes, van asociadas a una carga emocional más intensa de lo que podría ser frente a frente”, asegura el director de MiLab.

A pesar de eso, Gil de Zúñiga no cree que haya una influencia directa de las reacciones en la actitud más o menos pesimista que tenga la sociedad.

Sí le parece que las redes sociales contribuyen al cambio de las sensaciones de bienestar y al estado anímico de las personas, en la medida en que las noticias que se les presenten sean positivas o negativas. Eso, dice el profesor, lo han demostrado investigaciones recientes como la de la Royal of Public Health y la Universidad de Cambridge hecha a 1.500 jóvenes, de entre 14 y 24 años, del Reino Unido en 2017 para concluir que las redes sociales y la aparición de transtornos psicológicos como ansiedad y depresión están relacionadas.

Otro estudio, esta vez de la Universidad de Nueva York (NYU) probó que el lenguaje emocional se viraliza más rápido, es decir, genera más reacciones, se comparte y se comenta con ahínco.

Ese lenguaje es usado por los usuarios de diferentes redes sociales, por los medios de comunicación para mejorar el alcance de sus publicaciones y también por las empresas como estrategia de marketing.

NYU estudió esta forma de comunicación para comprender cómo logran difundirse algunos mensajes con más facilidad cuando se generan conversaciones en redes sociales sobre momentos álgidos que llevan a postear opiniones en redes como Twitter.

Fue en esta red social en la que la institución primero tomó una muestra de 563.312 tuits y retuits sobre tres temas de debate: control de armas, matrimonio entre personas del mismo sexo y cambio climático. De ese total analizaron 313.003 tuits divididos así: 48.394 sobre el control de armas, 29.061 del matrimonio igualitario y 235.548 del cambio climático; el resto de la muestra eran retuits.

Los hallazgos del estudio Es más probable que los mensajes con palabras morales y emocionales se vuelvan virales en las redes sociales se publicaron en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), y estos, además de evidenciar cómo las redes sociales se volvieron un medio para discutir temas coyunturales haciendo alusión a la moral y a la emociones en los mensajes, mostraron que justamente los que recurren a esos dos variables son los que se propagan más fácil.

Para el análisis de los tuits separaron los que contenían mensajes morales (esos que hablan de cómo debería actuar un buen ciudadano) de los emocionales, por medio de la diferenciación entre palabras como deber y miedo.

La principal conclusión fue “la presencia de un lenguaje de esta manera aumentó en un 20 % los retuits”, señala la investigación liderada por William Brady, candidato a doctor en psicología de NYU.

El efecto dominó que generan este tipo de publicaciones no solo se da en Twitter, también pasa en Facebook, entre más emocionales sean, más se propagan, más ganas dan de compartir o de hacer posts que repliquen esos sentimientos.

Eso también lo demostró otro trabajo publicado por PNAS, en ese caso hecho por Cornell Univesity y Facebook, hace tres años, y que fue criticado por la manera en la que se ejecutó: fue un experimento encubierto para analizar cómo se podían influenciar las emociones de cerca de 690.000 usuarios de esa red social.

Para que esas miles de personas pudieran hacer post más positivos o negativos tuvieron que ver adrede publicaciones en las que se incluyeran palabras positivas o negativas en sus secciones de noticias.

El resultado constató lo que se esperaba: que a mayor número de publicaciones positivas que los usuarios veían, aumentaba el sentimiento de positivismo en las que ellos hacían y compartían; y esa misma relación se presentó en el caso de las negativas.

Ese proceso, según el estudio, es conocido como sincronización emocional, y la investigación es recordada como la vez que Facebook manipuló la información para experimentar con nuestras emociones.

El proyecto también comprobó que cuando los usuarios ven menos publicaciones emocionales en su sección de noticias, actualizan menos sus perfiles con contenidos nuevos.

Quedó demostrado que, por lo menos en Facebook y Twitter, las emociones se contagian y se predicen, es decir, que una noticia como la clasificación de Colombia al mundial debería provocar muchos tuits y post positivos. Ahora bien, ¿qué les pasa a los colombianos que son tan negativos?

Para Carlos Andrés Arias, docente en comunicación política de la Universidad Externado de Colombia, no solo los colombianos reaccionan así a las noticias positivas. Para él, esa respuesta de los individuos a las publicaciones que ven está condicionada “a las dinámicas socioculturales en las que están inmersos los usuarios de las redes sociales”, y las del país son complejas.

Arias concluye que las noticias que generan un debate ideológico o moral, como la del Papa, van a ser mucho más atractivas para que las audiencias en Internet expresen tanto emociones buenas como malas. “Si usted plantea una información que tiene un equilibrio ideológico positivo, seguramente no va a generar polémica, y si eso no pasa, no va a provocar conversación o interacción”, asegura.

Denise Baden, profesora asociada de la Southampton Business School, señaló en un estudio publicado en 2015 que cuanto más sensaciones negativas experimenta alguien después de leer malas noticias es menos probable que tome acciones para mejorar el mundo.

Así es que se necesitan compartir más hechos positivos. Y aunque la visita de Francisco o los artistas locales en los Latin Grammy provocaron que algunos hablaran mal en sus redes sociales, Internet requiere más caritas felices. Así la red será un espacio de conversación que construye, y no al revés

Diferentes estudios han demostrado que en redes como Facebook y Twitter las emociones se contagian y por ello las publicaciones que usan lo moral o lo emotivo se propogan más fácil.
¿Y a dónde se fueron las caritas felices?

Contexto de la Noticia

Las reacciones a esta noticia en la cuenta de Facebook de EL COLOMBIANO fueron positivas: 1.094 “Me gusta” y 334 “Me encanta”. En este caso, todos los comentarios, 192, fueron buenos; las personas aplaudieron la iniciativa de la familia estadounidense de adoptar 4 hermanos paisas y quisieron compartir el hecho 188 veces, con un alcance de 170.906 personas.

Esta noticia tuvo 3.247 reacciones en el Facebook de este diario. Se compartió 266 veces y tuvo 73 comentarios. Del total de reacciones solo 3 indicaron “Me enoja”, 2.745 “Me gusta” y 462 “Me encanta”. El optimismo por la visita de Francisco se contagió; sin embargo, hubo opiniones que criticaban la decisión de ponerle al Papa símbolos de la cultura antioqueña.

Según la tesis doctoral de Thomas Panger, llamada Emociones en las redes sociales, los estudios sobre el intercambio de información o “viralidad” hablan del papel y la importancia de la incitación. Panger menciona que los análisis hechos con Twitter indicaron que los tuits positivos y negativos son más propensos a tener resultados mixtos, es decir, ambos pueden hacerse virales. No obstante, señala que, en el caso de los correos electrónicos, cuando se tratan de sorpresa, enojo y ansiedad se envían con más frecuencia, mientras que los que evocan tristeza o emociones calificadas como bajas son remitidos con menos frecuencia.


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