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Cuidado con las adicciones emocionales


Las adicciones que no están relacionadas a las sustancias químicas pueden ser igual de nocivas. ILUSTRACIÓN SSTOCK

Tradicionalmente cuando se habla de adicción de inmediato aparece la imagen del alcohólico o drogodependiente que no puede controlar sus impulsos a la hora de consumir. Rara vez se piensa en el comedor compulsivo, el ludópata, el adicto al trabajo, al ejercicio, al sexo, a las compras o, incluso, en el adicto a las personas o las emociones. El problema con este imaginario es que algunas de estas dependencias son menospreciadas y hasta alentadas en la sociedad, a pesar de que son tan nocivas como las adicciones químicas.

A nivel cerebral, todas funcionan exactamente igual. Según precisa el psiquiatra Alfredo H. Cía, de la Asociación Psiquiátrica de América Latina, en su estudio Las adicciones no relacionadas a sustancias: “El consumo de ciertas sustancias o drogas produce en el sistema nervioso central un aumento considerable de dopamina, llevando a una sensación de euforia. El aumento de la dopamina puede generarse, además, a través de otro tipo de conductas como el juego problemático, las relaciones sexuales descontroladas o las compras compulsivas”.

De esta manera, las conductas que son normales y que causan un grado de placer en la mayoría de la población, se vuelven problemáticas para ciertos individuos con personalidades adictivas, por ejemplo, cuando los impulsos se salen de control y la necesidad de realizar la actividad es tan grande que interfiere en el desarrollo de su vida normal, hasta el punto de que su bienestar emocional depende de ejecutar ese comportamiento constantemente.

Así, las personas pueden llegar a desarrollar un desorden alimenticio como la bulimia o llegar a una obesidad mórbida, si la adicción es a la comida; perder todo su dinero en juegos de azar o alcanzar deudas inmanejables a causa de las compras; deformar su cuerpo o sufrir lesiones por el ejercicio excesivo; alejar a familia y amigos por estar trabajando todo el tiempo, o destruir relaciones de pareja con infidelidades para satisfacer un deseo sexual desmesurado.

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Un problema complejo

Cuando se presentan adicciones de este tipo, hay muchos factores que juegan un papel importante, por lo que es difícil para los profesionales de la salud señalar una causa particular que pueda ser la fuente del problema.

“La personalidad adictiva es un fenómeno biopsicosocial. Hay un componente genético y de sustancias químicas en el cerebro, pero también tiene que ver con el entorno, con la cultura y con los patrones que se aprenden desde la familia”, señala la psicóloga experta en adicciones y dependencias emocionales Paola Andrea Velásquez Aristizábal.

Si hay historia de adicción en la familia existe una predisposición, sin embargo, esto no quiere decir que necesariamente aparezca la condición. Al igual que con la historia médica familiar de otras enfermedades, si hay predisposición es recomendable un control más cuidadoso de esos síntomas que alerten el problema.

Ambos profesionales coinciden en que el rasgo de más peso es una carencia profunda que se busca satisfacer. Según la psicóloga, “lo que casi siempre hay en el fondo de estas situaciones que se salen de control es un asunto emocional que se quiere evadir”. A lo que complementa el psiquiatra Alfredo Cía, “una persona adicta lo hace para aliviar un malestar emocional —aburrimiento, soledad, rabia o excitación—”.

Es por esto que el acompañamiento familiar es un elemento fundamental para la recuperación exitosa de quien sufre la adicción. “Los miembros de la familia son los primeros en darse cuenta de que algo pasa. Ellos también sufren con el comportamiento de la persona dependiente y corren el riesgo de desarrollar una coadicción”, indica Paola Andrea. Para evitar que ocurra es necesario que la familia se involucre activamente en el tratamiento, se revise y se eduque para ser el mejor apoyo posible.

Además de ellos, el tratamiento para una adicción conductual, al igual que una drogodependencia, requiere de un trabajo interdisciplinario que abarca personal médico que se ocupa de la salud física del paciente: psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales, que garantizan una atención integral para asegurar que el problema se atiende desde todos los frentes. Con esto se procura que la adicción no se desplace y se reemplace por otra.

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El papel de todos

El prejuicio y desconocimiento que tiene la sociedad con respecto a las personas adictas toma también protagonismo cuando se habla de recuperación o cuando se buscan las causas de un problema de este tipo. “La sociedad no adicta piensa que estas personas no se recuperan porque no quieren o no les gusta. Y sí, al principio ejecutar una conducta les genera placer, pero después este se convierte en placer negativo, algo incómodo que no disfrutan. Se sienten mal, pero al mismo tiempo no pueden vivir sin ello porque sienten que hay una fuerza interior que los obliga, una más grande que ellos mismos”, aclara la psicóloga.

De igual manera vivimos en una sociedad que de manera inconsciente promueve comportamientos excesivos: valora y alienta el culto al cuerpo ejercitado, promueve los excesos en comida, premia a quien sacrifica su tiempo libre al trabajo, motiva el permanente consumo de ropa y objetos, entre otras conductas que pueden resultar en todo tipo de adicciones. “No nos enseñan que nuestro bienestar físico, mental y emocional no debe depender de una cosa, persona o conducta, sino de nosotros mismos”, puntualiza Paola.

Contexto de la Noticia

Conductuales

Implica la dependencia a una actividad hasta el punto de interferir con el desarrollo de una vida normal. Entre las más comunes están al trabajo, al sexo, a la comida y/o el ejercicio, al internet o tecnologías, a los juegos de azar o a las compras.

Emocionales

Se refiere a la dependencia hacia cierto tipo de personas o relaciones afectivas poco saludables.

Coadicción

Frecuentemente involucra a la persona que cuida o ve por el bienestar de un adicto. Esta situación los lleva a olvidarse de sí mismos y de su autocuidado.


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