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¿Se atreve a vestirse con la ropa que otra persona usó antes?


Tanto en Estados Unidos como en países europeos como Francia, Italia e Inglaterra es muy común ver tiendas que ofrecen ropa de segunda mano y también vintage. FOTO sstock

Hace un par de años Catalina Acosta se compró unos tacones para su grado. Se los puso una vez, a regañadientes, porque poco le gustan los zapatos altos, solo que el vestido lo ameritaba. Esos negros, de terciopelo y con broche en el tobillo se quedaron guardados. Nunca más. O bueno, terminaron en el clóset de una amiga.

El armario de las mujeres tiene puerta de entrada, y también de salida, dice Ana Jiménez Sánchez, una de las creadoras de Trendier.com.co, comunidad digital de moda, en la que una persona puede comprar y vender ropa, bolsos, joyería, zapatos y accesorios usados.

Una de las opciones que hay en Colombia para el mercado de ropa de segunda mano, es decir, esa posibilidad de darle a un prenda una segunda oportunidad. De que nadie la olvide en un gancho y otro más le saque provecho.

Enfoque cultural

Natalia Aristizábal, asesora de imagen y quien ha hecho sus ventas de garaje en Medellín con su ropa usada, cuenta que las compradoras le preguntan cuántas posturas tiene determinada camisa o chaqueta y hasta algunas llegan con cautela pensando que estarán en mal estado. “Es un tema cultural en el país. En cambio, en otros países estos lugares vintage son muy populares y visitados”.

Otro tema que inquieta a las compradoras colombianas es el de la energía. “¿Quién uso esa prenda antes y cómo era? Eso le preocupa a la gente”, añade María Jimena Daza, de la página trueloveandpoems.com, quien expuso en Colombiatex su experiencia y explica que la reflexión que ella hace en este caso es que la mala energía también está presente en una nueva que haya sido fabricada por una persona explotada laboralmente.

¿Y sí hay ventajas?

El tema sostenible es el que más defiende Daza. “Es alargar, en todo lo posible, el ciclo de vida de la ropa”.

Según el movimiento Fashion Revolution, la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, después del petróleo. Por eso reclaman una industria fashionista más justa, segura, limpia y transparente. Jiménez añade que utilizando plataformas de este concepto se reduce el impacto ambiental sin renunciar a estar in.

Otro aspecto a resaltar es el económico. “Inviertes menos y encuentras auténticas joyas (un Louis Vuitton a mitad de precio, por ejemplo)”, comentan desde Trendier.

La calidad

Ana Jiménez explica que en su página hay un estricto control de calidad y se dividen las prendas en categorías como “nuevo con etiqueta, nuevo sin etiqueta, usado puesto una vez o usado en perfecto estado”, y que además se sabe qué persona está vendiendo su ropa para generar confianza.

María Jimena Daza señala que en su tienda reciben los atuendos de buena calidad y estos se mandan a lavar profesionalmente. “Si tiene botones flojos los arreglamos, si hay que reformar, también lo hacemos”.

En general, coinciden en que las prendas son únicas y muchas veces son colecciones que ya un diseñador no va a volver a sacar. “Yo he encontrado también mucha sastrería local, eso es pura autenticidad”, concluye Daza.

En páginas de este tipo encontrará desde prendas vintage (ver glosario), hasta ropa usada a la que le puede dar otro aspecto. Aristizábal indica que hasta los diseñadores abren ventas de garaje para la ropa que se les quedó. “Eso igual es de segunda porque ya no es de primera colección”.

En Colombia la tendencia va creciendo.

Usar la ropa que ya fue de otros es una tendencia que empieza a extenderse tímidamente. Detractores argumentan que no saben quién la usó, defensores hablan del cuidado del medio ambiente.

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