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Estas dos prendas de vestir afectarían su salud


En algunos escenarios la corbata y los tacones se han convertido en un sinónimo de profesionalismo y poder. FOTOS SSTOCK

Caballeros, puede ser hora de deshacerse de la corbata. Mujeres, tacones más bajitos para prevenir la artritis.

Una investigación reciente publicada en la revista Neuroradiology encontró que esta prenda masculina restringe el flujo de sangre al cerebro, poniendo a algunas personas en riesgo de sufrir dolores de cabeza, mareos y náuseas.

Los ejemplos más antiguos del uso de este objeto común en la vestimenta de ellos se remontan a la dinastía Qin de la antigua China. Los miembros del ejército real de Qin Shih Huang las adoptaron. Ya el siglo XX, un traje y una corbata se convirtieron en sinonimo de profesionalidad y elegancia.

John T. Molloy, en su libro Dress for Success (1975) dice que no solo es un atuendo de ropa de trabajo, sino que puede usarse para mostrar el gusto, el estado y la personalidad del usuario: “Muéstrame las corbatas de un hombre, y yo te diré quién es o quién intenta ser”.

La periodista de moda de The New York Times, Vanessa Friedman, reflexionaba en 2016 en ese periódico norteamericano sobre su uso en la clase política mundial. Decía que aunque en el siglo XXI la corbata y sus nudos, todo un arte para sus fans, sigue subiendo a las pasarelas de grandes eventos y presente en algunas reuniones de importantes personajes, ahora se usa más como un complemento con el que poder ponerse guapo en ocasiones especiales, más que un indicador de estatus.

Que personajes de peso como Mark Zuckerberg la destierren de su vestuario es un reflejo de una generación que se siente mucho más cómoda sin límites. La que viene, de hecho, disfruta con la moda sin género, y por supuesto, en ella la corbata no es significado de nada, simplemente es un ornamento más.

Eso mirado desde la moda. Ahora, desde la salud, una revisión a las corbatas y los tacones.

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Natalia Aristizábal, asesora de imagen, recomienda alternativas para reemplazar estos accesorios. En el caso del hombre, sí se pueden usar corbatas, pero no muy apretadas. O, para darle un toque de color al traje masculino, puede usar un pañuelo, un pin o prendedor, o mancornas.

En el caso de la mujer, Aristizábal recomienda jugar con los accesorios y no concentrarse únicamente en los zapatos. También puede usar tacones de menos de 5 cm de punta redonda o más cuadrada para no perjudicar los pies. Considere igualmente las baletas o mocasines.

Ampliando la investigación de Robert Ritch publicada en New York Eye and Ear Infirmary, que encontró un vínculo entre el uso de corbata y la presión intraocular en 2003, Robin Lüddecke y sus colegas del Hospital Universitario de Schleswig-Holstein, Alemania, escanearon este año los cerebros de 15 hombres saludables antes y después de que llevaran corbata. Luego hicieron exactamente lo mismo con otros 15, solo que esta vez sin corbata.

Cuando llegaron los resultados, el equipo pudo ver que los primeros experimentaron un descenso promedio en el flujo sanguíneo al cerebro de 7.5 por ciento. Por el contrario, no se observó ninguna disminución en el grupo de control, es decir, el segundo. Para un individuo saludable, este efecto realmente no es gran cosa. En el gran esquema, una caída de tan solo el 7.5 por ciento no va a causar mucho daño, dijo Steve Kassem, de Neuroscience Research Australia, al medio New Scientist. Y añadió que podría ser más problemático para aquellos que ya tienen un flujo de sangre por debajo del promedio (tal vez debido a un vaso sanguíneo bloqueado), así como quienes son mayores, fuman o tienen presión arterial alta. Dado el hecho de que estudios como el del British Medical Association, de 2006, han demostrado que las corbatas son esencialmente “fábricas de gérmenes” con poco o ningún propósito funcional, puede ser hora de unirse a gente como el magnate Richard Branson, el expresidente de EE. UU. Barack Obama y el difunto Steve Jobs.

Las mujeres también se ponen en riesgo, en su caso no con las corbatas, sino con los tacones. El uso de este tipo de zapatos (de más de siete centímetros) podría poner a las mujeres en mayor riesgo de desarrollar artritis en la rodilla, dicen investigadores estadounidenses.

Trabajos realizados por Casey Kerrigan y sus colegas de la Escuela de Medicina de Harvard descubrieron que este calzado aumenta una presión específica de la articulación de la rodilla llamada torque en varus. El aumento de la presión articular se ha relacionado con el desarrollo de esta enfermedad en la que se inflaman las articulaciones.

En este estudio, 20 mujeres sanas que se sentían cómodas usando zapatos con tacones muy altos caminaron 10 metros y repitieron el ejercicio descalzas. Los de base estrecha tenían un promedio de 1.2 centímetros de ancho y de base amplia 4.5 centímetros.

Los anchos aumentaron el torque en varo en un 26 por ciento, en comparación con el 22 por ciento para los stillettos. “Hemos demostrado que los zapatos de vestir de tacón ancho para mujer causan las mismas, si no mayores, alteraciones en pares de rodilla que los zapatos de tacón estrecho”, dijo Kerrigan en un comunicado de prensa de su universidad.

Para la moda siempre hay alternativas, así que busque verse elegante sin dañar su salud. Por supuesto, no se trata ni de dejar las corbatas y los tacones del todo. En el equilibrio está la respuesta. También en las características individuales.


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