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Así es la vida de un hipocondríaco


En la ansiedad por enfermedad (hipocondría), la persona sufre mucho porque cree que tiene un trastorno grave, aunque esté sana. FOTO: SHUTTERSTOCK

A pesar de que los médicos les dicen que no tienen nada, un señor de la tercera edad se hace pruebas de cáncer de próstata con más frecuencia de lo que le indica su médico; una joven universitaria, una vez cada ocho días, consulta si una tos es tuberculosis cuando lo único que tiene es un inicio de gripa; y, por su parte, una señora insiste en que el dolor de cabeza que presenta es por un tumor.

Ese temor, ese miedo, esos pensamientos recurrentes y persistentes de tener una enfermedad grave aunque no se presenten los síntomas es conocido como hipocondría o, según se denomina actualmente, como trastorno de ansiedad por enfermedad. El psiquiatra clínico, Jorge Calle, indicó que: “para poder pensar en un cuadro hipocondríaco la persona debe presentar esta enfermedad por lo menos durante seis meses”.

Las personas que padecen este trastorno van a consulta frecuentemente o se la pasan de médico en médico porque a pesar de que les digan que están bien creen que el diagnóstico es errado o solamente se quedan tranquilos un rato, sin embargo, después su preocupación vuelve. Además acostumbran a adoptar como suyos síntomas y enfermedades de personas cercanas que sí están realmente enfermas.

Según el Manual de diagnóstico y estadístico de los problemas mentales, “la hipocondría es un trastorno somatomorfo porque produce dolor real que tiene como única causa la psicológica, y estos dolores aumentan los pensamientos negativos sobre su salud, lo cual incluye al paciente en un círculo vicioso”.

Al respecto, la psicóloga clínica Paola Acevedo anotó que el trastorno de ansiedad por enfermedad es un problema emocional, una enfermedad psicológica que muchas veces se somatiza con dolores físicos (fenómeno psicosomático) como gastritis, migrañas, problemas de colón, de sueño y de alimentación y dolores de espalda, musculares y de las articulaciones. “A los hipocondríacos siempre les duele algo, sus dolencias se incrementan en medio de la intranquilidad y la desesperación al pensar que está enfermo de gravedad, que se va a morir, aunque en realidad no sea así”.

¿Qué hacer?

Mejorar las relaciones con estos enfermos se constituye en un primer paso para solucionar su situación. Los familiares y amigos del hipocondríaco deben apoyarlo mediante la escucha para que él descargue sus problemas emocionales. No se debe minimizar lo que ellos sienten o dicen, ni criticarlos, ni burlarse de ellos sino recordarles que no presentan síntomas de la enfermedad que dicen tener y que ya han ido al médico repetidas veces y el diagnóstico es que están bien de salud.

Cuando la situación del hipocondríaco se vuelve disfuncional laboral, social y familiarmente (la persona falta mucho al trabajo, no sale a reuniones sociales, a toda hora se queja, repetidas veces va al médico), el paciente debe buscar ayuda especializada con un psiquiatra o un psicólogo clínico para que le ayude a controlar su ansiedad y pueda mejorar. También se puede hacer una terapia paralela con estos dos profesionales.


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