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Ocho mamás asombrosas del reino animal


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Las madres humanas pueden ufanarse de ser muy dedicadas al cuidar su descendencia, pero no son las únicas. Muchas otras, del mundo natural, van más allá del promedio y llegaran hasta los límites para proteger a sus crías. También es cierto que en algunos animales, felinos, primates y roedores, hay progenitoras que las matan y se las comen.

La naturaleza puede ser un lugar agresivo para los recién nacidos. Al igual que los bebés humanos, las de otros animales necesitan del cuidado y la protección de sus padres durante sus primeras semanas de vida.

“Al nacer son tan frágiles que no pueden defenderse por sí mismas ante peligros como los depredadores, el clima, la sed y el hambre. Con todas esas amenazas es sorprendente que muchas lleguen a sobrevivir”, dice Luis Kamil Buitrago, uno de los autores del libro Los secretos de los animales de la Fundación Secretos para contar.

Cada especie tiene su estrategia para que su descendencia sobreviva. Los cocodrilos, por ejemplo, pueden poner hasta 40 huevos para aumentar la probabilidad de que alguno llegue a la edad adulta.

En el caso de los pingüinos, estos se reparten el cuidado de sus hijos entre el macho y la hembra, pues no podrían sobrevivir sin la atención de ambos.

Otra de las estrategias que usan es vivir en familias numerosas, con el fin de que varios individuos se encarguen de custodiar, alimentar y enseñar lecciones de supervivencia.

Sin un orden en particular, aquí están ocho de las madres mas magnánimas del reino animal.

Fuentes: NatGeo, Animal Planet y Los secretos de los animales.

Ballena jorobada
Son madres dedicadas. Emprenden un viaje enorme desde las heladas aguas polares hasta los mares cálidos del trópico con el fin de que su descendencia nazca en un ambiente menos hostil. Luego de 12 meses de embarazo, el ballenato, como se conoce a los hijos de las ballenas, es alimentado por su madre con 500 litros de leche al día.

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Zarigüeya
Su embarazo dura menos de dos semanas luego de las que nacerán crías muy pequeñas, sin pelo y ciegas. Como sus familiares los canguros, la zarigüeya tiene una bolsa de piel cálida y hermética donde sus pequeños se refugian después del parto. Al salir de esta sus cerca de 20 bebés se trepan sobre el lomo de la madre y se enganchan a ella con sus colas.

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Oso polar (foto superior)

Crían a sus hijos a una temperatura promedio de 4 grados centígrados. Cavan en una cueva donde permanecen en estado de hibernación durante los meses de invierno más fríos. Luego, después de dar a luz entre noviembre y febrero, viven en la seguridad de la guarida, mientras que los cachorros se alimentan con la leche materna y ellas soportan hambre.

Babilla
Uno de los pocos reptiles que se preocupa por el destino de sus crías es la babilla. Para evitar sentarse sobre sus huevos, construye un nido con barro y hojarasca. Además, ayuda a los recién nacidos a salir del cascarón y los carga en sus mandíbulas para protegerlos hasta que sean lo suficientemente grandes. Luego, pasa cerca de dos años guiándolos y protegiéndolos.

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Araña lobo

Mientras que la mayoría de arañas cuelgan sus huevos de la telaraña, las mamás araña lobo amarran sus sacos con estos a sus cuerpos y los cargan. Una vez que salen del cascarón, dejan que las bebés las sigan montando. De hecho, las llevan en su espalda hasta que tienen edad suficiente para cuidarse.

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Koala

Estos osos se deleitan con hojas de eucalipto altamente venenosas. Aunque sus intestinos están llenos de bacterias especiales que posibilitan la digestión segura de las hojas, sus bebés no están tan equipados y es por esto que las mamás koalas mastican desinteresadamente sus heces para alimentar a los recién nacidos.

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Elefantes

Se ganan su lugar en esta lista por dar a luz a los bebés más grandes de la Tierra: pesan entre 100 y 125 kilogramos. Además, soportan un embarazo de 22 meses –el más largo de los mamíferos– para tener una cría a la que toda la manada, un matriarcado, defenderá de depredadores y guiará a lugares seguros. Se necesita una aldea para cuidar un elefante.

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Pulpo

a hembra pone cerca de 50.000 huevos a la vez. Su proceso de eclosión demora alrededor de 40 días y durante ese tiempo la madre se mantendrá cerca, protegiendo sus huevos de los depredadores y monitoreando su oxígeno. La madre se morirá de hambre antes de dejar sus huevos, llegando incluso a ingerir una de sus extremidades.

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