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Series de TV: de la cachetada al rayo láser


Las técnicas cinematográficas de alto presupuesto han sido incorporadas a los productos modernos de televisión en internet. En la imagen, una escena de la serie Sense 8. FOTO: cortesía de Netflix.

Miami, Estados Unidos*

Las abuelitas que revelan terribles secretos antes de morir, las pobretonas que al final se convierten en ricachonas, los amantes que no se pueden casar porque son medio hermanos, la cenicienta que queda paralítica en un accidente y recobra la movilidad por el milagro del amor, y una tracamanada de muertos y traiciones por una herencia.

En apenas un párrafo, les acabo de resumir los principales argumentos de las telenovelas y culebrones que dominaban el rating en la década del 90 en Latinoamérica.

Eran los tiempos en que todas las noches, al encender el TV, se oían frases como “la mosquita muerta esa”, “la hice mía”, “maldita trepadora” y “somos de mundos diferentes”, aderezadas con el tronar de setecientas cachetadas porque sí y porque no.

En la actualidad, los consumidores de series tienen gustos diferentes. Las tramas son más variadas, dando espacio a géneros que antes no eran tan populares en la pantalla chica latinoamericana (como la ciencia ficción y el terror); alterando las percepciones clásicas sobre “los buenos” y “los malos”, para moverse en universos más grises; e innovando con efectos especiales, locaciones y producciones con altísimo presupuesto.

La revolución del siglo XXI comenzó con la cadena FOX y The X-Files (1993-2002), que narraba las peripecias de dos agentes del FBI investigando fenómenos paranormales, y continuó con el canal HBO y su serie Los Soprano (1999-2007), que relataba la violenta cotidianidad de una familia mafiosa. El resultado fue tan bueno, que el producto se masificó más allá de Estados Unidos y abrió un agujero en el continente de las telenovelas. Era tal su calidad, que mucha gente decía: “parece cine”.

La estocada definitiva de las series a los culebrones llegó con Netflix, una plataforma de entretenimiento por internet, que llevó este formato de historias a lugares donde casi nunca sale el sol y a países que cambian de Presidente más rápido que los reinos de Game of Thrones.

Después se sumaron al fenómeno otras plataformas, como Amazon, Epix y Qubit TV, entre otros.

Ahora es normal que durante el almuerzo y en las jornadas de cerveza con los amigos, haya referencias a The Walking Dead, House of Cards, Daredevil, Narcos y muchas más. Y ya no se comenta la cachetada de la malvada heredera a la sirvienta, sino las armas de rayos láser, las naves espaciales y las batallas entre ninjas que deciden el destino.

Las tendencias a nivel mundial influyeron para que las productoras latinoamericanas buscaran narrativas distintas. Bajo el liderazgo de Colombia y México, los televisores de la región se atiborraron de telenovelas biográficas (Joe Arroyo, Marbelle, Helenita Vargas, Celia Cruz, Diomedes Díaz, Hugo Chávez) y sagas de narcotráfico (El cartel de los sapos, Sin tetas no hay paraíso, El patrón del mal, La reina del Sur, El señor de los cielos, El Capo).

En Miami, EE.UU., EL COLOMBIANO participó en un intercambio con 21 actores de las series más populares de Netflix. Con los artistas, discutimos acerca de los factores que condujeron a esta evolución en los gustos del espectador latinoamericano y el contenido de los programas.

1). Democratización y acceso a contenidos

El español Maxi Iglesias actúa en la nueva serie Ingobernable, un producto mexicano para Netflix. Este drama de suspenso se centra en la pareja presidencial de esa nación, a partir de la cual explora las relaciones siniestras entre la política, el crimen y la corrupción.

“Ya hay muchas más opciones, la gente pide productos diferentes, más inteligentes, se reta más al espectador”, señala el intérprete. Y añade: “la evolución del espectador está ligada a la del productor, pues los productores independientes trajeron propuestas distintas a las de los canales tradicionales de TV”.

Gracias a internet y las redes sociales, “hay una mayor retroalimentación entre el espectador y el creador. Y hay intercambio de productos de todas partes del mundo, y eso abre la mente”, asevera la actriz española Ana Fernández, a quien veremos en Las Chicas del Cable, que se estrenará en abril.

La red de televisión por web de Netflix llega a 190 países y cerca de 93 millones de usuarios, que consumen los contenidos por computador, Smart TV, tablets y celular. Con esta democratización del acceso a productos de calidad, las personas pueden ver los programas que quieren a cualquier hora, derrocando el concepto de Prime Time u Horario Tiple A (7 p.m. a 10 p.m.) que había instaurado la TV convencional.

“Ya el público elige lo que le apetece ver, no como antes, que solo veía lo que le pusieran”, concluye Iglesias.

Tampoco es necesario esperar una semana para ver cada capítulo de la serie favorita, ya que las plataformas web permiten ver toda una temporada en una sola sentada (binge watching es el término farandulero para esta dinámica), lo que antes solo era posible adquiriendo una talegada de DVD.

2). Talentos de alto perfil y presupuesto

“La percepción sobre la TV ha cambiado bastante. Antes, muchos actores la consideraban un desprestigio, solo querían cine. Ahora cualquier actor mataría por estar en una serie, que además da más tiempo para desarrollar un personaje. Con las nuevas plataformas, la TV ha cogido una dimensión impresionante”.

El comentario es de la española Paz Vega, actriz de talla internacional, a quien hemos visto en películas (Lucía y el sexo, Spanglish) y recientemente en la serie The OA. En efecto, antes se creía que el cine estaba reservado para los actores de primerísimo nivel, y que la TV era apenas un escalón para llegar a ese olimpo.

Hoy, sin embargo, es común ver a las grandes estrellas en formatos televisivos. Dos claros ejemplos son Kevin Spacey (House of Cards) y Anthony Hopkins (Westworld), ambos ganadores del Premio Oscar.

La atracción de actores galardonados hacia las series de TV e internet no solo tiene intereses artísticos, también monetarios, pues la inversión de las productoras en estos medios ha crecido proporcionalmente a su audiencia. Charlie Sheen llegó a cobrar 1,2 millones de dólares por cada episodio de la comedia Two and a half men.

Para Sense 8, que se graba en ocho países, los hermanos Wachowski (Matrix) contaron con un presupuesto cercano a los US9 millones por cada uno de los 13 capítulos de la primera temporada y un especial de Fin de Año.

3). Historias arriesgadas y novedosas

En el primer capítulo de Ingobernable, el Presidente de México muere al caer del décimo piso de un hotel. ¿Matar al Jefe de Estado en los primeros 15 minutos? ¿A quién diablos se le ocurre eso?

“Queremos cuestionar a la gente, dándole armas para pensar y preguntarse cosas”, explica Kate del Castillo, quien interpreta a la Primera Dama y principal sospechosa de la muerte del Presidente.

Una de las características de las series modernas es el deseo de confrontar a la sociedad, con posturas críticas de los personajes y el desarrollo de una trama que pone contra las cuerdas los asuntos más controversiales: corrupción política y de la Fuerza Pública, destrucción del medio ambiente, diversidad sexual, inmigración, conflicto racial y religión.

Las telenovelas de antaño también hacían crítica social, muy en el fondo, y casi siempre enfocada en las diferencias de estratos socio económicos (pobres vs ricos) y entre la vida del campo vs la ciudad.

“No se trata de enviar mensajes subliminales, pero mostramos lo que pasa a nivel del Gobierno y lo que pasa a nivel del pueblo”, comenta Alberto Guerra, también del elenco de Ingobernable.

El riesgo en las series modernas va de la mano de la experimentación con géneros más variados. Desde los superhéroes de moda (Iron Fist, Luke Cage, The Flash, Arrow), pasando por el suspenso policiaco (13 Reasons Why), el fútbol (Club de Cuervos) y la ciencia ficción (The OA, The 100, Stranger Things).

“La ciencia ficción puede explicar muchas cosas del presente y el futuro de la humanidad”, precisa Bianca Comparato, protagonista de 3 %, la primera serie producida por talento brasilero para Netflix.

Esta historia se desarrolla en un futuro devastado, donde la mayoría de la población sufre por escasez y violencia. Cuando los jóvenes cumplen 20 años, deben pasar una serie de pruebas, llamadas El Proceso, para ser aceptados en Maralto, un paraíso reservado para humanos privilegiados. Solo el 3 % de los aspirantes consigue la meta.

Una de las diferencias esenciales con nuestras historias de los noventa, es que aquí el amor no es el eje de todo, tanto así, que los melodramas latinoamericanos son cada vez menos exitosos. Difícil ver ya historias lacrimógenas, como las venezolanas Cara Sucia (1992) y La loba herida (1992), o la colombiana La potra zaina (1993).

4). Apertura al mundo de América Latina

Que las series más importantes de la actualidad tengan actores latinos, sin duda ha empujado el respaldo de las audiencias latinoamericanas frente a estos productos.

A esto se suman programas con temáticas propias de esta región o producidas en sus locaciones.

Una de las más reconocidas del momento es Orange is the new black, que estrenará su quinta temporada en junio, con varios premios Emmy en su vitrina. El guión se desarrolla en el universo de las cárceles para mujeres.

Jackie Cruz, con raíces dominicanas, es una de las protagonistas. Valora las oportunidades que le han dado a los latinos, aunque afirma que no es suficiente.

“Abrieron una puerta, pero todavía no nos han dejado entrar. En general, hay un solo personaje por historia para todos los latinos, ¿por qué, si todos somos distintos?”, se cuestiona.

Con ella coincide la joven actriz Isabela Gómez, quien nació en Medellín, pero a los 10 años de edad partió a EE.UU. Hoy trabaja en la serie One day at time, que gira en torno a una familia cubano americana en territorio estadounidense.

“Me asusta que sea algo temporal, una moda pasajera, solo por agregar diversidad de personajes. Pero hay que celebrar que se están abriendo puertas para actores, directores y guionistas latinoamericanos”.

Además de Orange is the new black, entre las series más populares protagonizadas por latinos están Narcos (Wagner Moura), 3% (Bianca Comparato), One day at time (Justina Machado e Isabela Gómez), Sense 8 (Alfonso Herrera), Ingobernable (Kate del Castillo) y Club de Cuervos (Luis Méndez).

Su trabajo está disponible en decenas de idiomas, a un click de distancia. Tan fácil como lograr el llanto a grito herido de los protagonistas de un culebrón.

*Con invitación de Netflix.

Contexto de la Noticia

Germán Franco
Crítico de TV e investigador

“El culebrón del siglo pasado satisfacía las motivaciones de un público muy específico:las amas de casa solitarias, que esperaban hallar al amor de su vida. En cambio, las series de Netflix exploran narrativas más novedosas, apoyándose en la estética cinematográfica y, en algunos casos, con la posibilidad de interactuar con el público.

Estas nuevas producciones apelan a motivaciones más profundas de las audiencias, como la lucha por el poder, los poderes fantásticos, la vida y la muerte. Ya no importa la hora de emisión, sino que sea un producto de calidad”.

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1.
La trilogía de las marías (México)
“María Mercedes” (1992), “Marimar” (1994) y “María, la del barrio” (1995-96), conformaron una saga eterna de telenovelas lacrimógenas, estelarizadas por la cantante Thalía.
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2.
Contra viento y marea (Venezuela)
Producida en 1997, contaba con famosos actores del género, como Guillermo Dávila y Ana Karina Manco. En resumen: un amor imposible, que revive (¡búaaaa!).
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3.
Dos mujeres, un camino (México)
Protagonizada por el famoso Erik Estrada (1993-94), quien interpretaba a un camionero que tenía esposa y amante. Al final no se queda con ninguna (¡snif snif!).
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4.
Pasionaria (Venezuela)
De 1990, narraba la trágica historia de amor entre el mecánico viudo Jesús Alberto Urdaneta Tovar y la niña rica Bárbara Santana de Monteverde. ¡Final feliz!
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5.
Pasión de gavilanes (Colombia)
De los últimos éxitos del género (2003). Se basó en Las aguas mansas (1994) y contaba la historia de tres hermanos del campo, enamorados de tres hermanas de la ciudad.

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