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Diana Crump, sastrería sin esquemas


Los trajes de sastres son los diseños insignia de Diana Crump. Fotos: Colprensa y Cortesía Atelier Crump (Juan Páez)

Su interés por el vestuario no es pura casualidad. La madre de Diana Crump es diseñadora de interiores, y en su casa siempre hubo telas, elementos que más tarde servirían de inspiración para componer exquisitas piezas de sastrería. “Desde pequeña, me gustaba ver a mi mamá en su trabajo con telas y colores. Creo que de ahí vienen las ganas de trabajar en moda”. Como una premonición de su futuro, esa fascinación por lo textil la llevó a realizar un pregrado en diseño de moda en Francia, lugar que le dio la oportunidad de trabajar en Hermés, la gran casa de diseño que la llenaría de conocimiento y disciplina para darle vida a su propia firma, el Atelier Crump.

Una decisión atrevida.

“En noviembre del 2014, yo venía haciendo sastrería masculina y tuve un matrimonio en Bogotá en el que vestía al novio y a sus invitados, y en el que también era invitada. Entonces, me pregunté ¿por qué no ir de pantalón y chaqueta para no morir de frío, y hacerme una pinta que pueda promocionar mi propio proyecto?, así que usé una tela de cortina francesa que tenía archivada y me hice un esmoquin con estampado en flores, asistí así al matrimonio y muchas niñas me empezaron a preguntar dónde lo había comprado, le ví potencial y dos meses después realicé una primera colección donde la pieza insignia eran sastres estampados para mujer”.

¿Por qué crear una marca que solo hace sastres?

“La sastrería es un oficio difícil, pero a mí se me hacia una zona de confort, porque era lo que había trabajado en Hermés, y porque incluye los dos géneros, y eso me encanta. Además de ser algo muy personal, me gusta vestirme con elementos masculinos y esa es una práctica muy común en el vestuario de las mujeres en París, ellas utilizan prendas del armario del hombre para vestirse”.

El proceso de aprendizaje.

“Aprendí mucho de esta experiencia porque empecé muy joven, entré a los 22 años como practicante y uno a esa edad es muy chiquito. Sin embargo, ser muy observadora y las ganas de aprender de los demás, fue clave. Luego terminé quedándome tres años en la marca, trabajando en el área de diseño textil en la sección masculina”.

¿Qué le ha dejado al Atelier Crump el trabajo en una casa de alta moda como Hermés?

“Primero, mucho rigor y disciplina, porque los franceses son muy exigentes y no dejan nada a medias. Ser muy cuidadosa en la calidad, los acabados, y el tener un buen trato con los proveedores. Creo que me dejó una escuela de trabajo muy rigurosa”.

Coco Chanel impuso el uso del pantalón en las mujeres. ¿Con el paso del tiempo, qué piensa de esta ruptura?

“Chanel fue muy revolucionaria en un tiempo donde la mujer tenía una posición débil y sujeta a seguir un montón de reglas a la hora de vestir. Ella fue muy valiente de imponer otras cosas, y de darle a la mujer esa comodidad que da el pantalón, que de alguna forma nos puso al nivel de los hombres”.

Piezas que borran fronteras.

“Me inspira mucho esa línea que hay entre lo masculino y lo femenino, y jugar un poco con los géneros. Olvidarse de esa idea tan rígida de que un hombre se debe vestir así y una mujer así... Es un poco borrar algunas fronteras a través de la moda”.

¿Cómo se ha integrado este tipo de traje en las mujeres colombianas?

“Creo que había una necesidad de una nueva feminidad, ya que es un país donde este tema estaba pasando más por lo sensual, y algunas mujeres estamos cansadas de eso, entonces vemos que hay otra forma de vernos atractivas y sentirnos cómodas”.

¿Qué sigue en el futuro del Atelier Crump?

“Nuevos cortes y proporciones. Trabajar la base del sastre y trabajarlo en sus millones de versiones, solapas y bolsillos. También seguir trabajando con colores y estampados, siempre dándoles aires más frescos”. (Lea también: Los patronistas, maestros detrás del diseño)


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