colombia | Publicado el 3 de septiembre de 2018

¿Qué le espera a la Unasur?

El canciller Carlos Holmes Trujillo y el presidente Iván Duque anunciaron la salida de Colombia de este organismo el pasado 10 de agosto, durante una rueda de prensa conjunta. FOTO efe

David Santos Gómez

El anuncio de la salida de Colombia de Unasur en un plazo de seis meses es un clavo más para el ataúd de un organismo que agoniza. La entidad, que pretendía ser el camino definitivo en la anhelada unidad suramericana cuando nació a finales de la década pasada, es ahora una carga incómoda para sus miembros, la mitad de los cuales incluso tienen suspendida su participación por considerar al foro inoficioso, costoso y políticamente sesgado.

Lo que hizo el nuevo gobierno fue ir más allá de la suspensión como participante del organismo que había decretado el ex presidente Juan Manuel Santos en abril pasado. En ese entonces se le sumaron como críticos los gobiernos de Brasil, Perú, Chile, Argentina y Paraguay, quienes hasta hoy mantienen en vilo su participación. Sin el financiamiento de estos (seis de los once integrantes), la Unasur no tiene la fuerza suficiente para su funcionamiento.

Pero ¿es posible que en el corto plazo algún otro país decida enviar su carta de salida del organismo? Para diversos analistas consultados por EL COLOMBIANO la idea de más abandonos es poco probable. Bogotá sería por ahora el único en dar el portazo.

Andrei Serbin Point, director de Investigaciones de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (Cries), asegura que retirarse de la Unasur, por ahora, no presenta ninguna ventaja real distinta a mantener la suspensión como participante, más allá, por supuesto de los beneficios discursivos que tiene el hecho de hacer pública la incomodidad y la salida definitiva. “En todo caso el anuncio de Colombia es reflejo de un cambio en el mapa político e ideológico en la región y una creciente percepción de que iniciativas como Unasur no son útiles para las agendas de política exterior de varios de los gobiernos suramericanos”, puntualiza Serbin.

Una entidad sin cabeza
La Unasur empezó a gestarse en 2004 como una comunidad que pudiera hacerle contrapeso a la OEA como foro regional. Su tratado constitutivo estuvo firmado en 2008 y entró en vigencia en 2011. Su nacimiento tenía un fuerte vínculo con la ola de gobiernos de izquierda que entonces eran mayoritarios en la región, y Venezuela, con Hugo Chávez, y Brasil, con Lula da Silva, fueron fundamentales en su impulso.

Ese estrecho vínculo, que fue su fortaleza en los primeros tiempos, resultó en un pesado lastre cuando el continente sufrió un viraje político. Con los gobiernos que le dieron impulso ahora en minoría, y nuevas realidades económicas de sus miembros, la Unasur pasó a ser un elefante blanco que, por ahora, tiene en Bolivia a su presidencia pro tempore pero que ha sido incapaz incluso de elegir un secretario general en más de año y medio. El último fue el expresidente colombiano Ernesto Samper, quien terminó mandato en febrero de 2017.

La Unasur necesita aproximadamente diez millones de dólares anuales para su funcionamiento, pero con sus integrantes enfrentados, incapaces de ponerse de acuerdo para los elementos básicos de operatividad, el flujo de dinero está detenido. Se han despedido funcionarios y se han congelado programas y actividades de integración.

Hace menos de un mes, y ante la apabullante realidad de un organismo que no muere, pero tampoco camina, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, aseguró que el edificio de la sede central de Unasur en Quito sería convertido en una universidad indígena. “Es un edificio carísimo, que ya no sirve”, dijo enfático Moreno sobre la mole que costó unos 45 millones de dólares.

Un continente dividido
Es la diversidad política continental actual la que pone en entredicho cualquier posibilidad de solución al conflicto. Jochen Kleinschmidt, profesor principal de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, insiste en que el mal momento de Unasur debilitará los proyectos que podrían adelantarse conjuntamente como propuestas para cambiar el régimen global antinarcótico.

Para Kleinschmidt, las afinidades ideológicas en Suramérica son muy débiles para permitir algún proyecto que sea realmente integral. “De todas formas soy optimista que, a largo plazo, los países sudamericanos van a ver la necesidad de obtener mecanismos para coordinar sus políticas en diferentes contextos. Uno de estos podría ser la crisis en Venezuela, otro podría ser la negociación colectiva con Estados Unidos y otras potencias extra regionales. Si Unasur sobrevive hasta ese momento es enteramente posible que será un de esos mecanismos”.

Pero parece complejo que la Unasur mantenga su escasa vitalidad más allá de un par de años. El próximo gran reto que afrontará serán las elecciones de Brasil. Según quien logre la presidencia, la Unasur podría tomar un nuevo aire o recibir un nuevo golpe mortal. Lula da Silva, preso por un caso de corrupción, pero quien insiste en ser candidato, podría ser la mano salvadora.

Por ahora, según Andrei Serbin, los dos reclamos más fuertes y urgentes para la entidad son la escogencia de un Secretario General y un proceso “menos sesgado” para lidiar con la crisis venezolana.

“El primer paso para rescatar a Unasur de esta crisis está dándole respuesta a estas dos cuestiones, por lo cual depende fuertemente de la presidencia de Evo Morales para que tome la iniciativa y busque formas de destrabar estos dos conflictos. Pero a medida que pasa el tiempo menos son las chances y peores son las condiciones para encontrar soluciones consensuadas a estas dos disputas”.

La estabilidad de Unasur está en duda. Aunque otros países se mantienen en el organismo, la financiación necesaria para su funcionamiento es cada vez más complicada.

Contexto de la Noticia

Colombia explicó su retiro de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) al criticar lo que entiende como un comportamiento cómplice de la entidad con el gobierno de Nicolás Maduro, la falta de crítica hacia Caracas y la inactividad de un espacio que se suponía debía ser el foro para solucionar impases diplomáticos. Además está inconforme con lo que considera es falta de liderazgo de Bolivia. Con Venezuela en franco colapso y la Unasur inmóvil, la Casa de Nariño insiste en que no hay motivo para seguir en ella. “Es cómplice de la dictadura de Venezuela”, aseguró Duque. Desde su creación, Colombia se mostró incómoda con un organismo que consideraba ligado a la izquierda, cercano a Chávez.

Andrei Serbin Point
Director de Investigaciones Cries
No me queda claro que se fortalezca del todo la OEA, pero si ha reavivado su protagonismo como foro central para muchas de las discusiones en la región a pesar de que persisten muchos de los cuestionamientos hacia su rol, su capacidad y su historia. En cuanto al Alba y Celac claramente vemos un debilitamiento que atribuiría más a los cambios en el mapa ideológico de la región que a un efecto con Unasur.

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