antioquia | Publicado el 26 de julio de 2018

La vida en Jesús Nazareno, el barrio de las funerarias

Av. Juan del Corral e iglesia Jesús Nazareno.

Diego Zambrano Benavides

El sonido de las palmeras es mínimo sobre la avenida Juan del Corral. Décadas atrás, en 1960, estas plantas adornaban por montones ambos lados de este corredor y con el viento de la tarde su bamboleo parecía como un canto tropical. Hoy se cuentan con los dedos de las manos las pocas que quedaron al frente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

Este recuerdo lo tiene nítido en su memoria Luis Fernando Arango Madrid, gerente de la funeraria San Vicente, ubicada a un costado de la carrera 51D entre las calles 61 y 62, conocida como la calle de los muertos en el lado oriental del barrio Jesús Nazareno, Centro de Medellín.

Más que gerente de una empresa dedicada a los servicios exequiales, Arango considera que es un hijo del sector Juan del Corral porque allí nació, creció, y tras un tiempo por fuera llegó a montar su negocio en la zona. Para él, la avenida con el nombre del patriota —quien fuera dictador del Estado Libre de Antioquia en 1813— fue el primer bulevar digno de la capital antioqueña.

Del barrio hay registros añejos como uno de los fundacionales de Medellín. Por allí, en los mapas de la ciudad de 1913, planearon las troncales para salir de la ciudad con dirección al norte.

Por mucho tiempo hizo parte en conjunto de Prado Centro, pero, con la creación de la parroquia, cuya iglesia de estilo neogótico francés fue inaugurada en 1953 y hace parte del patrimonio cultural de la Nación, empezó a conocerse al sector con el nombre de Jesús Nazareno.

De periferia a centro

En una habitación de una vieja casa conocida como el banco prendario, donde ahora hay una bomba de gasolina, nació Álvaro Vargas. De su niñez recuerda que el barrio, que hacía parte de la periferia de Medellín, estaba lleno de pensiones y desde la década del 50 había ya algunos talleres mecánicos.

“Encontraba uno piezas en alquiler ocupadas por obreras que trabajaban en las fábricas aledañas, y con los amigos uno se iba a jugar a unos potreros donde ahora queda la Central Minorista”, relató.

Sobre la avenida Juan del Corral nacieron dos negocios tradicionales de los que ahora no queda ni la sombra: El Raudal y Las Dos Tortugas. En el separador vial, rememora Arango, había kioscos, mesas y sillas donde la gente se sentaba a tomar café o alguna copa de aguardiente.

“Jesús Nazareno fue a mediados del siglo XX la iglesia de los ricos de Medellín. A las misas de los sábados iban los alcaldes, y por el bulevar desfilaban damas con sus vestidos y estacionaban las familias en sus carros lujosos”, contó.

El barrio fue la morada de la familia Toro, fundadores de almacenes Éxito. También vivió en sus calles un hermano de Belisario Betancur; Alejandro Echavarría, quien fundó el Hospital San Vicente; y los Bedout, dueños de una editorial que funcionó en la zona y ahora es una bella anécdota.

Las casas de tapia fueron remplazadas por edificios o las ocuparon empresas y otros establecimientos que desplazaron a la mayor parte de los residentes hacia otras zonas de la ciudad que iban creciendo en las décadas de los 70 y 80, como Laureles; al igual que pasó en Prado con muchas mansiones, las calles se fueron quedando con pocos habitantes.

José Muyuy, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal local, reveló que hoy en día estiman en cerca de 2.800 el número de residentes de Jesús Nazareno. La mayoría, indicó, de una edad muy avanzada que no abandonaron el barrio, o jóvenes que llegan a vivir cerca de las facultades del área de la salud de la U. de A. (incluida la Sede de Investigación Universitaria) instaladas en el barrio.

Las funerarias

Las empresas dedicadas a los servicios exequiales, que en un comienzo se ubicaron en la Plazuela San Ignacio, fueron llegando a asentarse a Juan del Corral desde principios del siglo XX. Tal es el caso de la funeraria Rendón, de la que cuentan fue la primera del país, en 1872, y migró abriendo camino a otras que fueron llenando la carrera 51D, de lado y lado.

La vocación que adquirió la avenida fue el motivo por el cual la ciudadanía empezó a conocerla como la calle de los muertos, y los rituales de familias enteras recorriendo local por local para escoger la mejor opción para despedir a los seres que ya no estaban, perduraron por muchos años hasta que, según Arango, la gente decidió que era mejor hacerlo por teléfono.

“La competencia era hasta simpática. Llegaban padres, acompañados por sus hijos, entraban a tres o cuatro negocios cotizando las tarifas, porque entonces era importante escoger hasta el color del ataúd o el coche fúnebre”, relató.

Los celulares y el Whatsapp acabaron esa tradición y, aunque ya no es necesario que las funerarias se ubiquen todas en el mismo sector, todavía hay un gran número de estas repartidas por varias cuadras en Jesús Nazareno.

Al mes, una empresa como la de Arango atiende hasta 600 servicios exequiales, pero en sus oficinas ya no hay familias indagando por precios, solo los empleados que uniformados con vestidos y corbatas van de un lado a otro atendiendo llamadas entre las mueblerías de mármol de la San Vicente.

La vida de hoy

El sacerdote claretiano Luis Alberto Vivanco, párroco de Jesús Nazareno, describió al barrio como uno con las típicas características del centro. Un lugar donde predomina la población flotante que trabaja de día, pero que tiene sus hogares en otras zonas de Medellín.

“Eso sí, yo le he dicho a la comunidad que el día que Jesús venga a salvar a Medellín, en los primeros que va a pensar es en la gente que labora acá, porque son personas que desde las horas más tempranas ya tienen abiertos sus negocios”, expresó el padre.

Los problemas que aquejan a este sector son los mismos que sufre toda la comuna de La Candelaria: una fuerte presencia de habitantes de calle en cada cuadra, y el consumo de drogas que es tan evidente que parece como si no tuviera ningún control policial.

No obstante, aunque la líder comunitaria Candelaria Barreto defiende que en Jesús de Nazareno se vive en paz y los problemas de inseguridad son esporádicos, también reconoce que a veces sienten la falta de espacios de dispersión.

“No hay muchos sitios donde construir un parque o zonas recreativas. Solo está el Parque de la Vida (inaugurado en 2012) o tenemos que ir hasta Ruta N”, señaló.

Jesús Nazareno tiene tantos contrastes que al caminarlo uno puede recorrer todas las realidades de la ciudad. Una avenida impecable y espaciosa como Juan del Corral, la calle 61 que en las noches es epicentro de la prostitución, otra como la 54 donde el ruido de los talleres es ensordecedor, o la 64 donde desfilan estudiantes con sus mochilas. Allí está Medellín.

Este barrio hace parte de la comuna 10 (La Candelaria), y en su gran mayoría tiene una población flotante: pocos residentes y una gran cantidad de comerciantes que solo lo habitan en el día.

Contexto de la Noticia

La iglesia Jesús Nazareno nació pegada a una capilla construida en 1895 como lugar de oración para quienes entraban a Medellín por la carrera Carabobo. La nueva parroquia comenzó a levantarse gracias a la labor de los misioneros claretianos (que habían llegado a la capital antioqueña en 1925). Para entonces, la imagen de Jesús Nazareno, que estaba en la ermita, ya hacía parte de la identidad de la comunidad, motivo por el cual aunque esta orden tiene su devoción en el Inmaculado Corazón de María, conservaron el nombre que tenía la capilla, que ahora funciona como una biblioteca religiosa.

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