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The New York Times


POR QUÉ FACEBOOK AÚN ME IMPORTA

Por Shelley Thakral
redaccion@elcolombiano.com.co

Trato de no pensarlo mucho, porque probablemente hay 101 mejores cosas que hacer con mi tiempo, pero paso gran parte de mi tiempo mirando, dando “me gusta”, riéndome, enojándome y compartiendo cosas que veo en medios sociales. Facebook me dice que tengo 3.549 amigos cuando en la vida real probablemente tengo unos 3o.

Puede tener algo que ver con mi trabajo. En los últimos ocho años he estado apoyando trabajo de asistencia humanitaria, lejos de donde me crié, en Alsager, Inglaterra. Mi familia y amigos están lejos, así que a la mayoría la veo solo en Facebook. Recuerdo cumpleaños, y veo qué amigos se enamoran y tienen hijos. Nunca he sido una que coge el teléfono, pero deme 10 minutos en messenger con un amigo y de inmediato me veo gratificada.

Realmente no soy diferente de cualquier otra persona que usa Facebook. El perro en el archivador me alegró el día. Publico fotos de mi trabajo y viajes. La única diferencia es que puedo publicar actualizaciones en Instagram y en mi página de Facebook desde ubicaciones inusuales, como Quetta, Pakistán, durante una campaña contra la poliomielitis; en las Naciones Unidas para ver al Papa; o en mi viaje diario al mayor campamento de refugiados del mundo.

Y luego hay momentos en los que no hay palabras. Una masacre de niños en un colegio en Peshawar, Pakistán, un día oscuro. Otro tiroteo en un colegio en EE.UU. o un nuevo informe sobre atrocidades contra los Rohingya en Myanmar. Una serie de muchos días oscuros.

No solo es personal. Esta comunidad alterna en Facebook ofrece a personas como yo la oportunidad de alcanzar audiencias diferentes. Soy comunicadora de profesión, y trabajo internacionalmente. Facebook es mi socio perfecto. Siendo parte de la infraestructura global de los medios sociales, puedo compartir.

Facebook con frecuencia es utilizado por obras de caridad y agencias de asistencia para comunicar sobre emergencias, crear conciencia y recolectar fondos. Actualmente estoy en Cox’s Bazar, Bangladesh, trabajando en la respuesta Rohingya. Cuento historias en los medios sociales para informar a nuestros donantes y seguidores sobre los puentes que estamos construyendo para llegar a más refugiados con comida, sobre niños desnutridos y cómo los tratamos, sobre cómo hacer que el terreno sea seguro en los campamentos antes de la época de ciclones y monzones.

Para trabajadores humanitarios, Instagram, WhatsApp y otras plataformas de medios sociales se han convertido en herramientas indispensables. Nos permiten comunicarnos más rápidamente de lo que podíamos antes sobre todo tipo de cosas, como cuántas personas estamos alimentando, nuevos datos sobre niños malnutridos y quién está en riesgo con la próxima temporada de monzones.

¿Los medios sociales ayudan a salvar vidas? No, claro que no. Las personas lo hacen, y mientras más información es ampliamente compartida en distintas plataformas, más probable es que niños muriendo de hambre, mujeres violadas y esposos asesinados se conviertan en un problema de todos.

Pero los medios sociales también pueden hacer daño y ofrecer una voz a quienes difunden mentiras y rumores. Muchas de las familias que han escapado de la violencia en Myanmar lo saben muy bien. Facebook ha sido ampliamente criticado por jugar un papel en la difusión del discurso de odio.

No sé cuál es la solución, pero sí sé que durante esta asignatura he conocido a tantas personas que han sido impactadas por las poderosas imágenes de las personas cruzando la frontera desde Myanmar hacia las seguras costas de Bangladesh, y atormentadas por historias de sus pobres condiciones de vida. “Queremos ayudar, ¿qué podemos hacer?”, preguntan muchos cuando les cuento lo que hago.

Personalmente, no estar en Facebook no es una opción para mí. Es mi libreta de direcciones, mi oficina de correo, el lugar a donde puedo ir cuando quiero charlar y desatrasarme. Hasta que llegue otra plataforma, me quedaré con esta. Algunas personas hablan de la necesidad de escapar de los medios sociales. Pero cuando estoy trabajando sin descanso en una respuesta de emergencia, Facebook e Instagram son mi escape. Puedo entrar a ver esto o aquello en mi página, y a veces dar click en me gusta es justo lo que necesito.


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