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Los pájaros, socios de las flores en el Valle de Aburrá


Canario silvestre Serinus canaria. Originario de o de varios subarchipiélagos de la Macaronesia: las islas Canarias, Azores y Madeira. Es apreciado por sus colores y su canto.

Palomas duermen en un campanario. Golondrinas se posan en las cuerdas del alumbrado público. Cucaracheros hacen nidos en los huecos de los postes. Bandadas de loros surcan el aire haciendo alboroto a las cinco de la tarde...

Las aves se acostumbran a la ciudad. La adornan con su presencia y la alegran con sus cantos. Los pájaros están ligados a las flores. Por eso, un evento de la Feria es Orquídeas, Pájaros y Flores, y aunque ya no exhiben animales cautivos, los conservan en el nombre y en el certamen los evocan con fotografías. Puede verlos en el Jardín Botánico, libres, y volando en la urbe.

Jonathan Álvarez, médico veterinario del zoológico Santa Fe, explica que el vínculo entre pájaros y flores está en que ellos se encargan de la polinización: diseminar semillas para que las plantas se multipliquen. Los más pequeños son los que mejor se acostumbran a la vida agitada y congestionada.

En el Valle de Aburrá, las tórtolas y las torcazas están entre las aves más comunes. Entran a los recintos en busca de alimento. Los azulejos se ven por dondequiera que uno vaya. Igual sucede con los bichofués y otros atrapamoscas como el titiribí pechirrojo.

Explica que al bichofué no lo podían haber nombrado de forma más precisa: “Es onomatopéyico —dice, queriendo significar que ese nombre imita el sonido que hace—. Al amanecer, se escucha su canto: ‘¡bichofué!, ¡bichofué!’”. Y añade que los azulejos se alimentan de frutos y semillas.

Por eso, lo recomendable, añade el veterinario, es que en los andenes de las calles y en los parques se siembren árboles propios, para que esos pájaros se proliferen.

Los colibríes son otras aves comunes en el Valle de Aburrá, según el libro Aves del Valle de Aburrá del Área Metropolitana. Hacen honor a otro nombre que tienen: chupaflores. Pero no solo chupan el néctar de estas: también acuden a los bebederos que algunas personas instalan en sus balcones o jardines, hechos de manera artesanal con botellas de vino o comprados en el mercado, de variadas formas.

Recipientes que contienen agua miel o azucarada para que esos pequeños pájaros de largo pico se sostengan en el aire aleteando a una velocidad inverosímil y succionen la dulzura sin que parezcan extrañar las flores.

Muy comunes y bellas son las bandadas de guacamayas, loras y pericos en la ciudad, recuerda el médico de animales. Muchos de ellos tienen su dormitorio en las Avenidas La Playa y la Oriental. Además hay registros de nidos en El Poblado, Envigado y Sabaneta. En el día van a buscar alimento a otras partes del Valle de Aburrá. Estas aves pueden recorrer hasta 55 kilómetros en una jornada. No solo se reúnen a dormir los de una misma familia sino que los individuos que pueblan los árboles cercanos son los mismos.

Numerosas garzas viven en los árboles del río. Cuando acaba el día, y aún no llega la noche, esos árboles parecen florecidos.

Contexto de la Noticia

Son como reinas de belleza: estas flores están para que las miren y muchos las admiran. Por estos días, aficionados a estos coloridos seres llegan al Jardín Botánico, procedentes de diversas partes del país para observarlas.

De acuerdo con Carolina Carder, integrante de la Sociedad Colombiana de Orquideología, estas plantas habitan por todo el país y el planeta y, contrario a lo que suele creerse, cuidarlas no resulta complicado.

Ella es jueza y parte del certamen. Jueza, con licencia de juzgamiento en cualquier lugar del mundo; parte, porque las cultiva en Rionegro, donde tiene cattleyas, epidendrum (que comúnmente se llaman estrella), trinchocentrum (oreja de burro) y miniaturas.

Al evaluar estas plantas los jueces tienen en cuenta que estén en perfecto estado y limpias. Con las flores “bien dispuestas u ordenaditas, como mirando para el mismo lado”. Que los colores sean nítidos. También valoran que el tallo esté fuerte, mostrando la flor y que esta tenga “buena sustancia o sea que no esté como desmayada”. En el certamen de Medellín no dan puntaje a estos aspectos, sino que cada juez elige la mejor orquídea y lo sustenta con argumentos. En otros, le otorgan un puntaje a cada aspecto y luego suman los resultados de cada una, como en un reinado de belleza.


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