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Se retrata un individualismo a destajo, sin moral frente a lo público


Estos no son eventos aislados. Lo serían si desde abajo, desde las primeras letras y los primeros referentes de comportamiento colectivo (de moral pública), no se percibiese esta orfandad de una paternidad de ética y moral. Solo hemos recibido un catálogo de sanciones desde temprana edad (en el colegio, la barra, la casa).

Se ha alimentado el individualismo, pero no se ha estimulado ni enriquecido una individualidad capaz de asumir compromisos con el conjunto. Se privilegia una búsqueda de las realizaciones a destajo, en la insolidaridad. De satisfacciones momentáneas y en la egolatría personal.

En la idea del triunfo y del escalamiento social, se piensa en fines que justifican cualquier medio. Es decir, hay que estar vigilantes de que con los hijos, los individuos, se fijen propósitos, metas, sueños y en general aspiraciones que no estén desconectadas de la idoneidad de los medios.

Se ha construido una axiología, un sistema de valores acomodados a las circunstancias, sin sentido de alteridad, del valor del otro. Ocurre incluso con individuos que han tenido el privilegio de la educación. Se trata de problemas con trazabilidad en la escuela, la familia y la sociedad. Hoy somos una flota de buses sin control, una sociedad sin límites para alcanzar sus metas.


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