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Debemos emprender un proceso serio de transformación productiva


La economía colombiana, para bien y para mal, tiene una enorme dependencia del petróleo y la dinámica de su crecimiento está al vaivén del comportamiento de los precios internacionales del crudo, que son volátiles y más parecen una montaña rusa.

Miremos el patético caso de Venezuela, donde el 94 % de sus exportaciones son petróleos. Cuando el precio baja, su economía desaparece.

Nadie está en capacidad de vaticinar el curso que tomarán los precios en los próximos años, ahora que se vislumbra el fin de la era del petróleo por cuenta de la transición energética hacia las energías renovables y limpias. Por eso es fundamental diversificar la economía y el país se debe embarcar en un proceso serio de transformación productiva.

La tendencia mundial a largo plazo es la sentencia de muerte a los combustibles fósiles. Entonces tenemos que notificarnos de esta realidad.

En la balanza comercial nuestra con EE. UU., la venta de crudo ha bajado por lo menos en un 60 % y ese comportamiento se irá repitiendo con otros países y mercados.

Llegó la hora de aprovechar al máximo lo que nos queda de petróleo, explotarlo responsablemente y diversificar para cuando no lo tengamos o no sea un buen negocio, no quedemos a la deriva.


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