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Todos debemos ser recicladores


Al final del partido que Japón le ganó a Colombia en Rusia, más que irse a celebrar, a los hinchas japoneses les interesó dejar el escenario deportivo tan impecable como lo encontraron. Uno a uno recogieron en bolsas los papeles, envases de cerveza, gaseosas y demás residuos que la multitud arrojó al piso. Lo mismo hicieron los jugadores de su equipo, quienes dejaron intacto su camerino.

El hecho, todo un acontecimiento o cosa insólita para los colombianos, es la expresión de una cultura ciudadana en la que no se lanza nada al piso, ni a las fuentes de agua, que separa, recicla y transforma en energía o nuevos productos todo residuo sólido.

La recolección, separación y disposición final de las basuras es un problema que desborda a Medellín, demás ciudades capitales y municipios del país debido a una gigantesca incultura ciudadana y la falta de normas, pedagogía y políticas públicas que lleven a las administraciones a dar continuidad a proyectos estructurales y sostenibles en el manejo de sus “desechos”.

Lo otro es seguir dando palos de ciego y desgastarse haciendo nuevas y millonarias investigaciones que, por lo general, terminan desfalcando al erario público, como lo sucedido con la famosa “planta de reciclaje” montada en la Feria de Ganados de Medellín, todo un fiasco, que solo funcionó unas horas y luego fue desmontada y rematada como chatarra.

Lo que hacen las sociedades desarrolladas es darles vida útil a las basuras para crear nuevos productos, abonar campos, generar energía y otras fuentes de riqueza.

La prueba de que esto es posible es el manejo que hace Suecia de todos sus residuos. En esto funciona como una sociedad sostenible, colectiva, educada y defensora del medio ambiente, tanto que el país es ejemplo mundial en creación de riqueza a través de la basura, pues reutiliza el 99 % de sus residuos. Incluso importan basuras de otras naciones para transformarlas y aumentar sus capitales.

Hoy Medellín, en un proyecto público - privado, que se realiza puerta a puerta en algunos barrios de El Poblado y el occidente, avanza en la promoción de la cultura del reciclaje, en el acompañamiento y apoyo a los recicladores, muchos de ellos asociados en cooperativas y otras empresas. Son personas debidamente uniformadas, capacitadas y que gracias a su oficio pueden subsistir con dignidad, educarse y educar a sus familias.

No obstante a la existencia en la ciudad del “Plan de gestión integral de residuos sólidos”, el manejo de las basuras sigue siendo asunto secundario. Cada día sepultamos en el relleno sanitario de Pradera 3.086 toneladas de residuos sólidos, y a pesar del esfuerzo de los recicladores solo recuperamos 2,8 toneladas.

El atraso es evidente, más si se tiene en cuenta que la recolección y disposición final de las basuras corresponde a EPM, entidad personal capacitado, experiencia y conocimiento de proyectos mundiales en recolección y reutilización de las basuras.

Todos debemos ser recicladores. Esto, más que un acto de voluntad, es una obligación para con nosotros mismos y la defensa de la vida en el planeta. No más basuras en las calles, colchones y hasta carros viejos en el río o las quebradas. Más educación y pedagogía son claves, pero también multas a quienes infrinjan las normas.


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