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Rusia 2018, del sueño a la realidad


Las palabras entrecortadas de Radamel Falcao García, capitán, líder y goleador máximo de la Selección, al final del partido, resumieron el que era un sueño suyo de infancia y el de todo el país, hoy: estar en el Mundial de Fútbol que en 2018 se jugará en Rusia. Para él, el primero, para Colombia, el sexto. Atrás quedaron la ansiedad, las emociones y los nervios experimentados la última semana.

La clasificación es una realidad. Sufrida, paciente, de altibajos y sentimientos encontrados, con algunos pasajes de talento y brillantez, pero con muchos otros de confusión, recaídas y preocupaciones. Los “ahorros” del puntaje de la primera vuelta, y los resultados en los partidos de visita, a la postre fueron decisivos para sortear los traspiés de las últimas fechas.

Las estadísticas frías y exactas confirman que Colombia, en las fechas contra Venezuela, Brasil, Paraguay y Perú, apenas consiguió 3 puntos de 12 posibles. Aunque el juego de la Selección mostró debilidades, pudieron más las ganas y el corazón que el equipo puso en el cierre de esta eliminatoria reñida que, incluso en los últimos minutos de la fecha del martes, tuvo una tabla de posiciones cambiante e impredecible que solo definió el pitazo final de cada partido.

En Lima, igual que en Barranquilla, no afloró ese fútbol fluido y claro de otros momentos de mayor lucidez, como en la memorable participación de Brasil 2014. Colombia, por ahora, ha estado lejos de ser el conjunto alegre y cautivador que sobresalió en el pasado Mundial. Pero en medio de aquella opacidad inocultable, la Selección aún es el mayor agente integrador de la ciudadanía.

En la tarde-noche del martes 10 de octubre casi todos los colombianos estaban sintonizados con el partido que definía la suerte “de la Tricolor”. En los hogares, los establecimientos y los lugares públicos de pantallas gigantes, el país se concentró para ratificar aquel lema que durante cinco días fue tendencia en las redes sociales: #ConLaFeIntacta. Un estado de optimismo difícil de alentar después de la derrota con Paraguay, en apenas ocho minutos en los que los jugadores extraviaron el libreto.

Un trance similar al de Falcao, con su grave lesión de ligamento de rodilla que hace casi cuatro años parecía dejarlo por fuera del fútbol, sin futuro, pero que al final se convirtió en un aliciente para su recuperación fervorosa y admirable.

Colombia vivió estos días una prueba de fuego. Pero, en últimas, clasificó a Rusia, el objetivo principal de este periplo del fútbol suramericano y orbital en los tres últimos años.

Camino a la próxima cita mundialista el equipo debe aplicar ajustes. Durante los partidos de 2017, Colombia dependió más de individualidades y chispazos que de una producción colectiva sobresaliente y constante. Tuvo fallas notorias en su zona defensiva y de volantes de marca y agradeció siempre, para obtener buenos resultados, alguna genialidad pasajera de Falcao García, James Rodríguez, Juan G. Cuadrado o Edwin Cardona.

Los partidos preparatorios para Rusia 2018 deberán ser aprovechados para afianzar los cambios en la nómina que trajo un relevo generacional inevitable. En esa misma dirección, algunos hinchas y analistas reclaman que el técnico José Néstor Pékerman devuelva al equipo su equilibrio en defensa y ataque y su estilo alegre y vistoso, ese que deslumbró en Brasil 2014.

Hay tiempo, talento y organización para mejorar. Colombia supo sortear en Perú las adversidades desencadenadas por los errores contra Paraguay. Todo eso quedó atrás. Ahora hay que aprovechar el presente lleno de sueños que describió Falcao al terminar el partido en Perú: “la recompensa es que ya tenemos tiquete para ir al mundial”.


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