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Retos económicos para la región

ElColombiano

No fueron buenos los últimos seis meses para América Latina y el Caribe; esto llevó a que el Banco Mundial en su último informe semestral sobre la región revisara su pronóstico de crecimiento a 0,6 % en 2018, cifra inferior a la que tenía el organismo hasta abril pasado (1,7 %). (Banco Mundial, 2018, “Sobre incertidumbre y cisnes negros: ¿Cómo lidiar con el riesgo en América Latina y el Caribe?”).

La región venía recuperándose en 2017, después de enfrentar una desaceleración de más de seis años. Sin embargo, comenzaron a darse una serie de eventos que ensombrecieron el panorama. Coincidieron, en efecto, la crisis macroeconómica en Argentina, la desaceleración del crecimiento en Brasil y el agravamiento de la situación económica y social en Venezuela. A esto hay que agregar un elemento externo fundamental, cual es la normalización de la política monetaria en Estados Unidos, que ha llevado a una reversión de la entrada de capitales a la región, a un fortalecimiento del dólar y a una caída de las monedas de las principales economías emergentes.

El Banco Mundial señala algunos elementos positivos que pueden ayudar, como el vigoroso impulso de un mercado clave para muchos países de la región, como es el de Estados Unidos; la recuperación del precio de las materias primas y el crecimiento todavía importante de China. Sin embargo, puestos en la balanza, estos factores no contrarrestan la incertidumbre que está creando la guerra comercial entre China y Estados Unidos, la posibilidad de una profundización de la crisis argentina, la dificultad para México de hacer sus reformas centrales y la persistencia de la incertidumbre política en Brasil. En general, para la entidad, el entorno internacional es poco auspicioso y lo continúa siendo a pesar de que el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá se logró, algo que no estaba contemplado en el informe semestral.

Hay una advertencia adicional, y en esto coinciden recientemente el Banco Mundial y el FMI, y es la concerniente al elevado endeudamiento de los países de Latinoamérica y el Caribe. La precaria situación fiscal de muchos países ha llevado a que la deuda pública supere el 60% del PIB de la región en su conjunto, y a que seis países tengan tasas de endeudamiento superiores al 80 %. Con esto se están debilitando las calificaciones crediticias, lo que ha aumentado para algunos países la prima de riesgo pagada por los préstamos. Este hecho, junto con la aversión a los mercados emergentes por parte de los mercados financieros internacionales, no hace sino dificultar el acceso al crédito externo.

En esas condiciones, los gobiernos no tienen la posibilidad de utilizar la política fiscal como herramienta de política contracíclica y más bien deberán hacer fuertes ajustes fiscales para garantizar la sostenibilidad de la deuda, al tiempo que muchos bancos centrales se verán obligados a aumentar la tasa de interés para reducir el impacto de los movimientos al alza de la tasa de política de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Así las cosas, todo parece indicar que la región enfrenta un aumento del riesgo económico caracterizado por una caída de la entrada neta de capitales, pero no podrá utilizar su política económica para contrarrestarlo y recuperar las tasas de crecimiento del PIB que se observaron antes del desplome del precio de las materias primas en 2014.


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