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Pronósticos de la FAO-OCDE


En su informe anual conjunto la FAO y la OCDE (Perspectivas Agrícolas 2018-2027), presentan su visión de la producción mundial de alimentos en la próxima década. Los pronósticos del documento recogen la idea de que se está entrando en la fase descendente del ciclo de los precios de los alimentos, explicada por la evolución de la demanda mundial por ese tipo de bienes.

En efecto, el incremento del ingreso per cápita en China en la década pasada, consecuencia del despegue de esa economía, estimuló la demanda de cereales, carne de res y pescado, entre otros. La consecuencia de esa demanda vigorosa fue una de las razones centrales para el incremento en los precios de los alimentos, la cual llegó a su pico entre 2007 y 2008. Desde entonces, siguiendo las leyes de la producción agropecuaria, que reacciona con rezago a los movimientos de precios, se dio un crecimiento notable de la oferta de esos bienes que llevó a que, en 2017, se alcanzaran los mayores niveles registrados para la producción de la mayoría de los cereales, varios tipos de carne, productos lácteos y pescados.

Los altos niveles de producción generarán, entonces, grandes inventarios y, además, estarán acompañados de una desaceleración en el crecimiento de la demanda mundial, como consecuencia de la reducción del dinamismo de la economía china, sin posibilidades de sustitución, con una disminución de la tasa de crecimiento de la población, en muchas regiones. Es una voz de alerta porque se espera que los precios de los bienes agropecuarios básicos se mantengan bajos durante el próximo decenio.

Pero esto varía según cada caso. El consumo per cápita muestra que, en algunos productos como cereales y raíces y tubérculos, se está llegando a la saturación en algunas regiones. Por el contrario, el crecimiento de la demanda de cárnicos se está desacelerando debido a la variación regional de las preferencias y las limitaciones del ingreso disponible, mientras que la demanda de algunos bienes de origen animal como los lácteos se expandirá más rápidamente en los próximos diez años. La demanda por productos agrícolas que pueden utilizarse como insumos para la elaboración de biocombustibles va a crecer menos porque algunos países desarrollados no les darán estímulos adicionales.

Así las cosas, la conclusión del estudio es que la demanda adicional de alimentos provendrá de regiones donde todavía el crecimiento poblacional es relativamente alto (África subsahariana, India, Oriente Medio y África del Norte). De ahí que las excepciones a la desaceleración del crecimiento de la demanda per cápita provendrán de los países en desarrollo, aquellos que al urbanizarse demandan más productos procesados y de fácil preparación, una característica que hará que aumente la ingesta del azúcar y los aceites vegetales.

Este panorama que nos trae el informe de la FAO-OCDE, debe evaluarse con detenimiento por el gobierno colombiano entrante. El país cultiva algunos de los productos que van a tener una demanda relativamente más dinámica (azúcar, aceites), pero también algunos con no tan buenas perspectivas. En un escenario de precios bajos y débil crecimiento de la demanda, es esencial diseñar políticas de producción que incorporen factores como el capital y la tecnología, de forma que sea posible reducir costos y aumentar la competitividad. Desarrollar la agroindustria es posible si no se ignora la realidad del mercado mundial de alimentos.


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