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Medellín: tirándote flores

ElColombiano

Gracias a los turistas por apreciar y visitar Medellín. Gracias a los lugareños por no renunciar a construir un futuro mejor para todos, aquí, en este Valle de Aburrá. Gracias a los antioqueños que alimentan la metrópoli con sus costumbres montañeras y auténticas y su laboriosidad de sol a sol. Todos, juntos, hacen de la Feria de las Flores una oportunidad de encuentro, de alegría y de celebración edificante en torno a las tradiciones paisas.

Año a año, los visitantes son más, la organización crece y Medellín logra dar al mundo otra cara, otros valores, otras noticias. La Feria se enraiza en una urbe en la que aunque despuntan la modernidad y el desarrollo se guardan con orgullo las tradiciones y la sencillez de la vida campesina. Medellín cambia, avanza, se proyecta, pero tiene para compartir aquella faceta admirada de su gente de acento martillado y de mano hospitalaria.

La Feria, hoy y mañana, entra en su recta final y ofrece sus dos desfiles más vistosos y multitudinarios: el de Autos Clásicos y Antiguos, que lidera EL COLOMBIANO, y el de Silleteros, que resume la esencia de una historia de cercanía e intercambio entre labriegos y citadinos, adornada con las flores y productos del campo llevados otrora por los arrieros a las plazas de mercado.

Medellín está de Feria y de fiesta, porque el turismo derrama ingresos en el conjunto de sus pobladores. Gente llegada de otras ciudades del país y del exterior que, a medida que recorre los rincones del Aburrá y de los municipios cercanos de Antioquia, alienta el comercio organizado, pero también las economías comunitarias y los emprendimientos. También el amplio espectro de las ventas familiares y callejeras. Hay ánimos, se descubre complacencia entre compradores y vendedores.

Y un río humano, que corre por todos lados fecunda la vida, la transformación cultural de una ciudad nunca resignada a claudicar, a bajar la cabeza ante los problemas. La Feria hace grande a Medellín y Medellín engrandece los álbumes de recuerdos de quienes vienen a disfrutarla. Hay comunión, hay calor humano, hay sonrisas y palabras de admiración mutuas entre los de aquí y los de allá.

Es gratificante escribir estas líneas para halagar una ciudad que por estos días se ve llena de extranjeros sorprendidos con el clima y la espontaneidad de unos paisas siempre prestos a orientar, a colaborar, a atender con afecto y elocuencia: “ehhh, Ave María, qué necesita, patroncito”... “Con mucho gusto, pues, bienvenidos a Medallo”.

La contrastación en los hechos, en las evidencias de los buenos servicios de los que dispone la ciudad, de la “queridura” de los medellinenses, trae a todos un mensaje de optimismo, de convicción en que es posible construir aquí, en esta tierra de montañas y flores, una sociedad más equitativa, más justa, más diversa, más tolerante y más unida.

Invitación a que el cierre de la Feria esté cruzado por la convivencia y el respeto que deben engalanar una celebración de tal magnitud, de estas implicaciones culturales, económicas y turísticas para el conjunto de los habitantes de la ciudad, de su área metropolitana y de Antioquia.

Les echamos flores a Medellín y a su gente, porque trabajan duro por la transformación y el cambio. Porque en ellas chispean la esperanza y el afecto. Porque la Feria es la oportunidad de festejar cada año el esfuerzo mancomunado por disfrutar de una sociedad y un tiempo mejores.


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