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Más “azules” para Medellín


Una de las necesidades más sentidas por los habitantes de Medellín es la de mayor presencia de guardas de tránsito en las calles. A veces da la impresión de que los cálculos de presencia de guardas por habitante se hacen muchas veces tomando como datos los vehículos (carros y motos) matriculados en Medellín, cuando la realidad dice que este es el centro de un área metropolitana por donde circulan de forma constante vehículos de todos los municipios conurbados. Según los datos oficiales, un millón 300 mil vehículos.

El número actual de agentes es de 580, uno por cada 2.241 vehículos (mejor que Bogotá, pero peor que Cali). Según los datos que publicábamos ayer, 70 de ellos se dedican a labores administrativas. Y hay que restar los que están en compensatorios, vacaciones, asistiendo a diligencias o incapacitados. Esta última contingencia no es menor, por cuanto los riesgos que corren los agentes que desarrollan su labor en las calles son múltiples y muy complejos. No sólo por quedar expuestos al poco civismo de tantos conductores, sino la desbordada contaminación, los accidentes e incluso las agresiones físicas y verbales, como por desgracia se ha visto en los últimos años.

Según las funciones asignadas a la Secretaría de Movilidad, los guardas, popularmente conocidos como “azules”, tienen la responsabilidad de regular el tránsito, realizar operativos en las vías, atender accidentes, así como investigar, prevenir y formar a los ciudadanos en temas de educación vial. También atienden solicitudes de la comunidad en movilidad y transporte.

Para estos días la Secretaría de Movilidad anunció la incorporación de 50 nuevos “azules”. Y, según sus estudios, faltarían por lo menos 200 más. Hay zonas enteras de la ciudad donde no se ve la presencia de autoridad de tránsito, no porque no quieran, sino porque no hay personal disponible. A la ya de por sí desbordada falta de cumplimiento de las normas por parte de cientos de conductores irresponsables, en esas zonas se suma el colapso en la circulación que se genera con cualquier incidente o accidente motorizado.

Se da la particularidad en el sistema colombiano que cualquier choque, por mínimo que sea, requiere la presencia de guardas de tránsito para que levanten el croquis y redacten el informe, pues de lo contrario los seguros que eventualmente amparan los vehículos no cubrirán lo contratado en las pólizas.

Adicionalmente, los pocos guardas no pueden, así tengan los mejores propósitos, enfrentar situaciones como la del continuo desacato de numerosos colectivos, como son los de conductores de motocicletas, que aparte de saltarse las normas e incumplir las regulaciones de circulación en ciudad, se amparan unos a otros cuando un infractor es retenido para hacerle el informe del “parte”. En Medellín, por ejemplo, es alarmante la cantidad de motocicletas que circulan sin luces por la noche, exponiendo a los demás conductores a toda clase de riesgos. Los operativos que de vez en cuando se ven son más de carácter policial, para revisar documentación, requiriéndose el preventivo y disciplinario porque la sensación de que el caos reina en las calles con cientos de miles de motociclistas que no cumplen el Código Nacional de Tránsito, es generalizado.

Bienvenidos los nuevos guardas, y a pesar de las restricciones legales para crear nuevas plazas, se debe persistir en el aumento de guardas, en una ciudad todavía requerida de autoridad, educación vial y civismo.


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