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Hay otras voces en Cataluña


Tal como estaba previsto, la agitación social, política y económica de Cataluña no amaina luego del referendo ilegal convocado por las autoridades nacionalistas el pasado primero de octubre. El resultado no cuenta con ningún aval, comenzando porque las votaciones se hicieron de forma subrepticia -estaban prohibidas por el Tribunal Constitucional- y ningún organismo independiente certificó, como es natural, el censo electoral ni la legitimidad de las votaciones.

Y precisamente por no contar con esa legitimidad electoral, el pulso político se está desarrollando en las calles, en medio de manifestaciones multitudinarias en las que, salvo incidentes aislados, aún pueden elevarse reivindicaciones de forma pacífica.

El pasado domingo, arropados por cientos de miles de españoles, tomaron las calles los catalanes que no quieren la ruptura con España. Las cifras no son precisas, pero entre 500 mil y 900 mil manifestantes salieron a pronunciarse en contra de la forma como el gobierno independentista ha querido forzar la ruptura. Con razón se considera que esta visibilización de los catalanes que quieren seguir siendo parte de España es un hito, pues impide que los independentistas sigan insistiendo en que solo ellos representan el sentir del pueblo catalán.

Puede que estas manifestaciones multitudinarias del domingo, que fueron acompañadas por otras muy concurridas en el resto de España, no detengan el proceso independentista, pero sí equilibrará lo que se ha denominado “el relato” con el cual el gobierno catalán y sus aliados han querido vender una imagen distorsionada de su región como un territorio sometido a tiranía del Estado español.

Además, otra fuerza paralela a la de esa gran porción de catalanes que no quiere la ruptura, se manifestó también con una capacidad que los ideólogos del independentismo siempre han querido soslayar: la de las grandes empresas ubicadas en Cataluña que empezarán a trasladar sus sedes a otras ciudades de España -principalmente a Madrid- por su inconformidad con el rumbo político que los llena de incertidumbre. Los bancos más emblemáticos -La Caixa, el Sabadell- o empresas como Gas Natural o Aguas de Barcelona ya han decidido trasladar sus sedes sociales. Y es la incertidumbre económica lo que podría dar el puntillazo a las pretensiones rupturistas. España es el principal mercado para los productos catalanes, y la Unión Europea ha dicho que una Cataluña independiente no tendrá reconocimiento ni de la propia UE ni la de sus principales potencias. Son muchos los Estados que tienen regiones “díscolas” que no pueden permitir que el precedente catalán prospere y genere rompimientos en sus propios territorios.

No obstante todo ello, es posible que hoy, en una sesión que está convocada en el Parlamento, Carles Puigdemont, presidente catalán declarado en insubordinación a la legalidad de España, proclame unilateralmente la independencia. Ha demostrado que está dispuesto a cualquier cosa, incluso a terminar en la cárcel.

Mientras tanto, el gobierno de Mariano Rajoy, tan cauto y falto de decisión tantas veces, toma las manifestaciones del pasado domingo como un providencial balón de oxígeno. Puede mostrar que no todos los catalanes se sienten antiespañoles y que quieren ser tan catalanes como españoles y europeos.


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