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Emisor, recuperación a la vista


En la reunión del pasado jueves, la Junta Directiva del Banco de la República continuó con su postura expansionista y redujo la tasa de interés de intervención en 25 puntos base. Así, esta se sitúa en 5,25 por ciento.

Esta decisión sin duda facilita la recuperación de la economía que, durante el primer semestre de 2017, presentó evidentes signos de debilidad, los que se expresaron en unos crecimientos del PIB muy lánguidos en el primero (1,2 por ciento) y el segundo trimestre (1,3 por ciento) del año.

Estos resultados han llevado a los diversos expertos a revisar a la baja la tasa de crecimiento del PIB para 2017 la cual, según la encuesta financiera de Fedesarrollo, se ubica, en promedio, en 1,7 por ciento.

Para que este pronóstico se cumpla, la economía deberá presentar un repunte importante en el segundo semestre, algo que, implícitamente, están afirmando los especialistas.

En este sentido, el comunicado de la Junta del Emisor trae un párrafo muy significativo en el que se afirma, de una parte, “que la desaceleración de la economía tocó fondo”, y, de otra, “que se puede esperar un crecimiento superior durante el segundo semestre”.

Que no sea el Gobierno (el que evidentemente presenta un sesgo a favor de una posición optimista e interesada sobre los resultados económicos) quien haga esta afirmación, sino que sean los codirectores del Banco, constituye un hecho relevante y, a la vez, una gran noticia.

Respecto a esto último, es bueno que, frente a las dificultades económicas que han soportado las empresas y los hogares durante los últimos meses, la autoridad monetaria afirme que atrás queda el trago amargo y que en lo que resta del año 2017 las cosas van a ser relativamente mejores.

Ello, de la mano de mejores resultados en los diversos indicadores económicos, debe ayudar a crear, entre los diferentes agentes, un ambiente más optimista.

Precisamente, el comportamiento registrado de la inflación y del empleo en julio de 2017 contribuye a hacer realidad este propósito.

Según las cifras del Dane, en julio, la inflación anual fue de 3,4 por ciento, situándose así cómodamente dentro del rango meta establecido. De otra parte, el promedio de las medidas de inflación básica fue de 4,9 por ciento, lo que representa una disminución con respecto a junio de 2017.

En este orden de ideas, la menor presión que ejercen los precios sobre los ingresos de los hogares favorece el poder de compra de los mismos y, con ello, se hace más factible la recuperación del consumo privado, factor determinante para la recuperación económica.

Ello se ve reforzado por la resiliencia que el mercado laboral ha venido demostrando.

Precisamente, en julio pasado, el número de personas ocupadas aumentó, con respecto a julio de 2016, en 373.000. Por su parte, la tasa de desempleo se redujo al pasar de 9,8 por ciento en igual mes del año pasado a 9,7 por ciento en julio de 2017.

No obstante lo anterior, el desempleo en las 13 principales ciudades fue de 10,8 por ciento, lo que representa un alza de 0,9 por ciento con respecto a julio de 2016.

Aunque el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, ha dicho que hay evidencias que muestran que la política fiscal está dando sus frutos, es claro que, para asegurar el despegue de la economía, deben redoblarse las acciones sectoriales.


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