opinión | Publicado el

Educación, ciencia y tecnología

ElColombiano

Si bien ocho años del gobierno Santos dejan importantes logros en materia de educación, sobre todo básica y secundaria; es poco lo que puede reconocérsele en la estructuración de proyectos nacionales de desarrollo cultural y casi nada en ciencia y tecnología, en las que el país en vez de avanzar retrocedió.

En educación se ganó en cobertura, ocho millones de niños escolarizados; gratuidad, cursos de competencia pedagógicas para profesores, avances en primera infancia, nuevas aulas, jornada única, freno a la deserción escolar y avances en el Programa de Alimentación Escolar (PAE), que beneficia a más de cinco millones de niños de los sectores más pobres del país, entre otros aspectos.

Según las cifras oficiales, fue el sector de la educación el que logró los máximos aumentos presupuestales del periodo Santos. Pasó de $20,8 billones en 2010, a $37,4 billones en 2018.

Quedan como tareas romper las brechas educativas entre el campo, los municipios y las ciudades; fortalecimiento presupuestal y cobertura en educación superior, unificar la jornada educativa para todo el sistema público y privado y llevar a que los esfuerzos presupuestales tengan correspondencia con la calidad educativa y los niveles de competitividad que exige un mundo globalizado.

En las pruebas de calidad académica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), exclusivo club de países al que Colombia acaba de ser admitido, nuestro atraso es evidente. De 72 países medidos, Colombia ocupó el puesto 55 en lectura y el 63 en matemáticas.

La cultura, sus instituciones y gestores no pueden seguir como las cenicientas de los proyectos del gobierno y el Estado mismo. En esto, el gobierno que concluye no fue la excepción. A la cultura le correspondió el 0,16 % del presupuesto nacional, muy poco para atender, como mínimo, las necesidades básicas de un país marcado por la intolerancia, los atajos para lograr todo tipo de metas, la corrupción, el dinero fácil, el racismo, el machismo y el irrespeto por las ideas, puntos de vista y creencias ajenas o colectivas.

De todas formas, merecen amplio reconocimiento en la labor cultural del gobierno iniciativas como Leer es mi cuento, música para la paz, ley de filmación y otros proyectos en los que se tiene como centro de formación a la primera infancia.

Excelente que algunos colombianos brillen con luz propia dentro y fuera del país como líderes y embajadores de esa Colombia que irradia alegría, arte, conocimiento, ciencia, innovación, destrezas intelectuales y artísticas, pero la meta está en construir un plan nacional de cultura, con recursos propios, colectivo, concertado y que sea acogido, como hoja de ruta, por toda la sociedad en pro de la convivencia, el respeto por las divergencias y puntos de vista contradictorios en un marco de reconocimiento y dignidad.

En ciencia, tecnología e innovación el país perdió con Santos, su gobierno no cumplió ni incrementó los presupuestos para esta línea de desarrollo, como lo anunció en sus planes de gobierno. El presupuesto para el sector se movió entre el 0,29 y el 0,45 del PIB, sin llegar a alcanzar siquiera el medio punto, y Colciencias actuó más como un organismo burocratizado que como ente rector y jalonador del desarrollo científico.

En el informe de 2018 sobre competitividad mundial digital del International Institute for Management Development (IMD) Colombia aparece en el puesto 59 entre 63 naciones a las que se les midió la competividad digital. Solo superamos a Perú y Venezuela en la región y a Mongolia e Indonesia en el mundo.

Estamos ingresando a la cuarta revolución industrial y el mundo ahora se caracteriza por el internet de las cosas, la inteligencia artificial, la creación, dominio y apropiación de tecnologías, aspectos claves para ser líderes del desarrollo. En esto no podemos ceder.

Corresponderá al gobierno entrante redireccionar el camino en un plan en el que convierta, como una suerte de obsesión, el abaratamiento de las tecnologías, la promoción del conocimiento y entrenamiento del capital humano; el incentivo a las inversiones públicas y privadas y ser claro en la legislación al respecto. Estamos en el centro de un proyecto internacional de desarrollo en el que debe motivarse la competencia público-privada. Esta, bien llevada, nos conducirá a la senda del desarrollo soñado.


Powered by