opinión | Publicado el

Duque y su política exterior


En materia de lo que será la política internacional durante su mandato, el presidente electo Iván Duque fue, durante su campaña, suficientemente explícito en lo que será su actitud ante el régimen de Venezuela y en particular frente a Nicolás Maduro, a quien considera un dictador.

También fue partidario de continuar la participación del país en la Alianza del Pacífico, habida cuenta del balance positivo de esta integración entre países (México, Perú, Chile y Colombia) favorables a la apertura comercial y los intercambios libres, no sujetos a condicionamientos ideológicos, en contraste con lo que han sido el Alba, de inspiración chavista, o Mercosur.

En su programa de gobierno, uno de los capítulos del presidente electo hace referencia a “un servicio exterior profesional sin presiones de clientelismo, con personal calificado académicamente para el desarrollo de las relaciones internacionales”. Esta promesa ha sido una tradición en Colombia, no así su ejecución efectiva. Y ya es hora de cumplirla.

Como lo han hecho otros mandatarios recién elegidos, el presidente Duque viajó a Washington como primer destino internacional, decisión lógica en atención a la intensidad e interés estratégico de la relación bilateral, cruzada, desafortunada pero innegablemente, por la presencia criminal del narcotráfico.

El Gobierno que termina fue, en abierto contraste con su gestión interna, bastante exitoso en su política exterior, jalonada por la llamada “diplomacia por la paz” que concitó apoyos en todas partes. No obstante, con Estados Unidos el asunto del narcotráfico es cualquier cosa menos pacífico. La Administración Trump no oculta su inconformidad e irritación con los niveles de producción y exportación de droga de Colombia. El nuevo presidente hereda ese problema que puede tornarse en crisis en la relación bilateral.

También estuvo el presidente electo en la OEA. Allí abogó por reforzar el sistema interamericano, de capa caída en los últimos lustros, y renovó su petición a los demás países de Suramérica para retirarse de Unasur. A esta entidad parece haberle llegado la hora de su cierre y liquidación. A nadie sirve, salvo a los cada vez más escasos países que legitiman la doctrina y prácticas del chavismo en contra de la democracia, el pluralismo político y las libertades públicas.

También estará el presidente electo en España, donde recientemente hubo un cambio político en el Gobierno. No hay confirmado encuentro con el nuevo presidente, Pedro Sánchez, y habrá que ver si entre los dirigentes socialistas hay resistencias frente a quien ha anunciado que hará ajustes al acuerdo de paz con las Farc.

Con Venezuela y su despótico gobierno habrá que combinar la fortaleza, la verticalidad de los principios democráticos y la diplomacia. Como gobernante en ejercicio, habrá cosas que el nuevo presidente no podrá decir como sí lo pudo hacer como candidato. Deberá estar preparado para las embestidas de Maduro y de su camarilla, agresivos y hostiles por naturaleza.

Hay que tener presente que uno de los mayores desafíos que recibirá el nuevo gobierno es un flujo migratorio creciente desde el país vecino, frente al cual hay que actuar con generosidad y criterio humanitario.

En la medida en que el nuevo presidente pueda tener un mayor número de encuentros con sus colegas gobernantes, en primera medida de América y Europa, podrá ir contrarrestando una muy potente y eficaz propaganda que lo ha querido mostrar como representante de una corriente política que “quiere la guerra y destruir la paz”.


Powered by