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Discurso por el futuro

ElColombiano

Una idea principal, formulada también como invitación encarecida, sirvió como basamento del discurso de posesión del presidente Iván Duque Márquez, ayer en la Plaza de Bolívar de Bogotá: entramos en una etapa de unión, donde una nueva generación asume el deber de gobernar libre de odios y de revanchas.

Ayer mismo, los despachos de prensa de importantes medios internacionales seguían etiquetando al nuevo presidente de Colombia como “el derechista Duque”. Su discurso de asunción del mando, no obstante, no fue el de un derechista, sino de un gobernante de centro, cuya invocación a la vigencia de la legalidad, la seguridad y la justicia es la de un demócrata que jura cumplir lo que le encomiendan la Constitución y las leyes.

A pesar de haber representado a las fuerzas de oposición al saliente Gobierno de Juan Manuel Santos, no hubo ayer un ataque frontal ni una crítica destructiva. Incluso hubo mención expresa a continuar varios programas. Hizo sí, como es natural, alusión a problemas heredados que impiden el avance del país por un rumbo más diáfano: la corrupción, el narcotráfico y el aumento de cultivos ilícitos; la burocratización, el crecimiento desordenado de entidades oficiales, la inequidad social, la carga tributaria asfixiante o las componendas políticas que amparan carteles corruptos.

No hubo, como temían algunos -o como esperaban otros- anuncios de “hacer trizas los acuerdos de paz”, cosa que, por cierto, jamás ha dicho el nuevo presidente. Sí habló de una mayor decisión para que los violentos reparen moral y materialmente a sus víctimas, para que haya una justicia proporcional y para que, en lo sucesivo, ni el narcotráfico ni el secuestro sean considerados crímenes conexos con el delito político. Es una reforma hacia el futuro, por lo cual no cobija a los ya beneficiados de las Farc con esta concesión del pasado Gobierno.

En buena hora, también, fijará un término para que el Eln defina si quiere seguir negociando de forma seria, con plazos acotados y exigencia de no delinquir mientras dialoga. Ya es más que justo con el país.

Otros compromisos fueron mencionados de forma más bien general, como la reforma a la justicia o los proyectos de reactivación económica, incluyendo lo que sería un programa tributario que alivie la sobrecarga de muchos contribuyentes a cambio de volver a un Estado menos macrocefálico y proclive al gasto público desbordado.

En relaciones internacionales no hubo mayores referencias, salvo un compromiso decidido por la vigencia de la Carta Democrática Interamericana y la repulsa a las dictaduras, mensaje cuyo destinatario es inequívoco.

Destacamos el compromiso en materias como enfrentar la crisis del sector salud, detener los abusos de las EPS, activar protección para los líderes sociales y combatir las redes de crímenes contra ellos. Importante, también, en un país como el nuestro, su promesa de gobernar directamente con las regiones, dialogando con los ciudadanos. Y otra, fundamental: “trabajar con el Congreso sin dádivas, sin canonjías, acuerdos burocráticos”. Sin mermelada, en fin. Los colombianos deben tomar nota de ello, exigirlo, y condenar cualquier incumplimiento. Así comienza hoy en forma el nuevo equipo de Gobierno.


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