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Amenazas al alcalde no son charlas

ElColombiano

Hace menos de dos meses, el 12 de noviembre pasado, publicábamos en este mismo espacio un llamado de atención a las autoridades nacionales (Gobierno central, Policía, Fiscalía General), para que no tomaran a la ligera las amenazas y los planes detectados por los organismos de investigación, según los cuales organizaciones criminales de la ciudad planeaban ataques a la integridad física contra el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.

Hoy, de nuevo, lamentablemente hay que reiterar lo dicho en aquella y anteriores ocasiones. El pasado miércoles, el comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, general Óscar Gómez Heredia, reveló que un informante reportó a las autoridades que, provenientes de Caucasia, venían unas armas ocultas con el propósito de atentar contra el alcalde.

En esta ocasión, fueron interceptados, metidos en un sofá, dos fusiles AK-47 con proveedores y 28 cartuchos. El informante dijo que se preparaba una “retaliación por la captura del patrón”. La Policía asume que se refieren a Juan Carlos Mesa Vallejo, alias Tom, capturado el 9 de diciembre pasado en El Peñol mientras celebraba bajo el más caracterizado estilo “traqueto” su cumpleaños 50. Esta acción policial y judicial había sido solicitada de forma reiterada por el alcalde Gutiérrez, habida cuenta de la información que le reportaban acerca del control de este personaje sobre la que es una de las principales, sino la principal, organización criminal del Valle de Aburrá, “la Oficina”, con ramificaciones que van mucho más allá de nuestro territorio.

Según reporte de las mismas autoridades, este es el quinto plan del que se tiene noticia en los dos años de administración de Gutiérrez para atentar contra él. Algunos de ellos han tenido versiones encontradas e incluso contradictorias, desmentidos mutuos entre las mismas autoridades, y ello ha dado lugar a que en algunos sectores de la opinión estas informaciones sean asumidas con incredulidad.

Sin embargo, no deben tomarse a la ligera, ni las autoridades deben despacharlas como gajes del oficio. Son amenazas que hay que tomar muy en serio. Hasta el momento, por lo menos el fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez, ha hecho declaraciones en las que muestra compromiso con la seguridad del alcalde.

El presidente Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, y el director general de la Policía, general Jorge Hernando Nieto, deben interesarse por el asunto y tomar las medidas que correspondan. A riesgo de ser repetitivos, insistimos en que un alcalde solo no puede contra esa enorme y sofisticada estructura criminal que constituye toda una red con eficaz capacidad de actuación. Que puede amenazar, pero que también puede ejecutar sus amenazas si las autoridades del Estado no actúan concertadas y con objetivos comunes de contener y derrotar estas estructuras criminales.

La Policía tiene el reto operativo y de labores de inteligencia, y la Fiscalía la de investigar y recopilar los sólidos elementos probatorios que permitan que la justicia tome las decisiones que eviten que los cabecillas y sus pistoleros puedan seguir en las calles como si nada pasara. El alcalde ha asumido un reto mayúsculo, pues sabe que el liderazgo en materia de seguridad es indelegable. Pero sin los apoyos de los otros órganos su tarea quedará inconclusa.


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