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Ahorrar la bonanza


Con un precio de la cotización Brent que franqueó la barrera de los 80 dólares por barril desde finales del mes de septiembre, estamos en niveles que no se observaban desde 2014. Con el impulso que trae el precio ya hay quienes hacen conjeturas en relación con su llegada a 100 dólares a finales de este año. Para muchos analistas estamos entrando en una nueva bonanza petrolera que traerá efectos importantes en la economía colombiana.

En una interesante entrevista concedida a EL COLOMBIANO (8-10-2018), el presidente de Ecopetrol, Felipe Bayón, se refirió a las nuevas condiciones del mercado petrolero y dio un mensaje de cautela y de conservar la calma frente a la volatilidad que puede tener el precio de este bien básico. Bayón afirma “lo que siempre digo es que lo único que se sabe de los pronósticos es que van a estar mal”.

Aún si se mantiene el nivel que hoy se observa, estamos en una escenario de precios altos que se debe a las condiciones geopolíticas, tan importantes en la formación de dichos precios, y que están impactando a grandes exportadores como Irán, Venezuela y Libia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ya el FMI comienza a observar un debilitamiento del crecimiento mundial como consecuencia de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y la vulnerabilidad de algunas grandes economías emergentes (Turquía, Argentina, Suráfrica y Brasil), que puede terminar afectando la demanda por petróleo y, por ende, su precio. Es esa la razón de la prudencia que debe tenerse en las cuentas acerca del tamaño de los ingresos esperados por esta bonanza.

Es cierto que, en un escenario de precios altos, se alivian las finanzas de la estatal petrolera y del gobierno, sin embargo, dada la volatilidad de este recurso no se puede caer en el facilismo y olvidar los riesgos que implica una excesiva dependencia. La empresa puede aprovechar los precios altos para consolidar su eficiencia, como afirma el presidente de Ecopetrol. El gobierno, por su parte, no puede aflojar en el propósito de ajustar sus finanzas y debe evitar considerar que este recurso es permanente porque no lo es. Sería mucho más prudente hacer un ahorro con cargo a esos ingresos y preparar al país para una destorcida de esos precios con el fin de evitar que, como en el pasado, pueda afectar severamente a la economía. El ahorro de una eventual bonanza puede también ayudar a desarrollar otras actividades productivas.

La historia reciente enseña que una manera de atenuar la exposición al riesgo por la volatilidad de los precios de las materias primas es diversificar el aparato productivo. La dependencia, en este caso, del petróleo, que deje postrados a otros sectores productivos, es una vía rápida para aumentar la vulnerabilidad de la economía. En ese orden de ideas, habría que modular las eventuales entradas de capital externo que acompañan esas bonanzas y que podrían llevar a una sobrevaluación de la tasa de cambio que perjudique a otros sectores productivos y afecte la consolidación de una oferta exportable competitiva.

De otro lado, los ingresos del petróleo pueden contribuir a que Colombia haga su transición energética, en un mundo que necesita moverse hacia otro tipo de energía. Ese es otro uso que puede darse al ahorro de los recursos de la eventual bonanza.


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