editorial | Publicado el

Juan Gómez Martínez


Ya prescribió

El video de Gustavo Petro cuando recibía fajos de billetes para su campaña, o no sabemos para qué otras cosas, se hubiera convertido en la prueba reina para condenar a cualquiera otro de los colombianos. En este caso no sirve de nada, así sea una contravención, ya que no se puede calificar como delito, según los expertos. Los fajos de billetes de cinco mil pesos, como afirmó el excandidato, eran de una donación o préstamo de un arquitecto prestigioso, quien negó cualquier donación o préstamo. ¿A quién se le cree?

No me imagino un banco entregando semejantes fajos de billetes de cinco mil pesos para llegar a sumar la cantidad que Petro dice haber recibido. Creo que con billetes de más alta denominación los empleados del banco habrían hecho la tarea más fácil. O, ¿de dónde salió el dinero?

Lo que en realidad hay que estudiar, es si ese dinero fue declarado en el informe pasado al Consejo Electoral. Es que, tratándose de los antecedentes del señor comprometido en este caso, esperamos unos detalles bien claros para no seguir pensando de qué hace parte, si delito o contravención.

Lo que sí es cierto es que el autor del escándalo quedó tranquilo porque, con la fecha que dice que ocurrió el caso, ya el suceso prescribió. Prescribió para la justicia, de acuerdo con la ley, pero para la conciencia de una persona honesta, el caso ocurrió y en la mente de los buenos ciudadanos no prescribe.

La historia es larga para el grupo del que el actor de este caso hacía parte. En la enumeración siguiente, en varios de los hechos no estuvo el receptor de los fajos de billetes, pero el grupo al que pertenecía fue el autor de esos hechos: El caso del robo de las armas del Cantón Norte no prescribe en la memoria de los colombianos, aunque la justicia nada puede hacer a estas alturas del paso de los años. El caso del robo en el Museo Diocesano de Arte Religioso de Boyacá el 21 de noviembre de 1979, de donde se sustrajeron una custodia con 99 esmeraldas, rubís y diamantes, cálices, pinturas de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos tampoco prescribe de la memoria de los colombianos.

La espada del libertador Simón Bolívar, el secuestro y el muerto en la embajada de la República Dominicana. Y, el peor de todos, el asalto al Palacio de Justicia, la muerte de los más altos magistrados y de muchas otras personas, el incendio del archivo con el que consiguieron la desaparición de muchos expedientes es algo que prescribió o se ignoró para conseguir la paz con ese grupo, pero no prescribe ni se olvida en la mente de los colombianos.

Como alcalde, solo él es responsable de los siguientes hechos graves: recordemos un carro tapa-huecos que sólo sirvió para sacarse una foto, los carros de basura viejos, corroídos por el óxido e inservibles y la rebaja de los pasajes del Transmilenio que acabó con las finanzas del sistema.

Quien formaba parte del grupo insurgente y, por otro lado, actuó como alcalde, es el que ahora recibe fajos de billetes, tranquilo porque se apoya en la prescripción y aspira, otra vez, a ser candidato para presidente con el apoyo de muchos incautos.


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