editorial | Publicado el

Ana Cristina Aristizábal Uribe


Un santo entre nosotros

Se llama Federico Carrasquilla y tiene 83 años. Su nombre me aparece cada vez que alguien habla de los procesos sociales de la base que sostuvieron a esta Medellín en sus años más feroces y oscuros. Él fue uno de los sacerdotes que estuvo al lado de los inmigrantes que llegaron a la ciudad, desplazados por la violencia de los años 60. Gentes sin futuro, sin comida ni esperanzas que empezaron a poblar las laderas que entonces limitaban la ciudad. Se fue a estudiar a la famosa Universidad de Lovaina y cuando regresó, entendió que su ministerio era como el de Jesús: al lado de los más pobres y necesitados de su Medellín. A ellos se dedicó.

Algunos colegas lo rechazaron por no entender cómo un sacerdote era capaz de vivir, convivir y amar a la “negramenta”, a los que más feo olían porque no tenían agua para el aseo ni para el consumo, a los paliduchos y flacuchentos vestidos de harapos que levantaban casuchas de cartón y latas en el Popular, para pasar la noche. Después de que policías y soldados tumbaban esas “casas”, el padre Federico los invitaba al día siguiente a convites y mingas para volver a levantar los ranchos arrasados.

Lo acusaron de comunista porque se dedicó a los pobres. Pues sí: estuvo al lado de los más desprotegidos y no lo amilanó el miedo. Hombres y mujeres que ya de adultos se dedicaron a la gente, tuvieron que ver con él y con sus grupos juveniles en algún momento de la vida.

Puede que a muchas personas ese nombre no les diga nada, pero en el barrio Popular un grafiti decía: “Federico, tú eres nuestro Cristo paisa”. La semilla que Federico Carrasquilla ha sembrado, hoy florece en la ciudad: Cooperativa Integral Popular; Fundación para la Educación Popular; Pequeña Industria FEPI; Asociación Popular de la Industria y la Confección, APIC; salacuna del Grupo Juventud Popular que hoy es el Centro de Salud del barrio; talleres de ebanistería; Comité de Deportes Pablo VI, Codepavi; Corporación de Vivienda Popular, Corvideco; Corporación Monseñor Arnulfo Romero, en El Playón de los Comuneros; la edificación de la Escuela Divina Providencia, con la Junta de Acción Popular; lo que hoy es el Liceo Popular Nº 1; la hoy Institución Educativa Federico Carrasquilla. Y también en muchos hogares que hoy tienen casa gracias a su impulso.

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