editorial | Publicado el

P. Hernando Uribe


Memoria y esperanza

Memoria es re-cuerdo, re-cordar, volver a pasar por el corazón. El pasado no existe, existió, pero la memoria hace presente el pasado. Puedo hacer de un buen pasado un mal presente y de un mal pasado un buen presente. Depende del cultivo de mi memoria.

La memoria es un tesoro. Cuanto más información almaceno en ella, más creativo puedo ser. Por eso me intereso en seleccionar lo que miro, escucho, huelo, gusto y toco con el ánimo de enriquecer de continuo mi memoria.

San Juan de la Cruz confía a la esperanza la tarea de purificar la memoria llevándola del pasado al futuro camino del presente. El poeta místico busca que el alma se una con Dios “según la memoria en esperanza”, pues para él, “lo que se espera es de lo que no se posee”, y agrega: “y cuanto menos poseo de otras cosas, más capacidad tengo y más habilidad para esperar lo que espero y consiguientemente más esperanza”.

El poeta místico me invita a “vivir en entera y pura esperanza de Dios”, de manera que no me detenga en noticias, formas e imágenes distintas prestándoles atención, sino que, con afecto amoroso, “vuelva mi alma a Dios en vacío de todo aquello memorable no pensando ni mirando en aquellas cosas sino lo que es necesario para el cumplimiento de mis obligaciones, “sin poner en ellas afecto ni gusto, para que no dejen efecto de sí en el alma”.

Cuantas más cosas poseo, menos capacidad y habilidad tengo para esperar, y consiguientemente menos esperanza, y así, para San Juan de la Cruz, “cuanto más desaposesionare mi memoria de formas y cosas memorables que no son Dios, tanto más pondré mi memoria en Dios y más vacía la tendré para esperar de él el lleno de mi memoria”.

La esperanza me indica el lugar que ocupa el porvenir en mi memoria. Algún día alcanzaré lo que espero, bueno o malo. Hasta el Creador, por solidaridad conmigo, me acompaña recorriendo conmigo el camino de la esperanza, esperando que yo llegue a la meta, que es él mismo.

Cultivo mi memoria para pensar y recordar lo que debo saber y hacer, sin afición alguna de propiedad que pueda hacerme daño, viviendo del futuro que mi esperanza pone en mi memoria.

Me resulta fascinante aprender la lección de cultivar mi memoria poniendo mi atención en lo que espero, sin más inquietud que vivir anhelando que el reino de los cielos sea la única posesión de mi memoria, Dios aconteciendo en mí y yo aconteciendo en Él..


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